Matrimonio sin sexo

Mi esposo no quiere tener sexo, ¿qué hacer?

Uno de los mitos más difundidos con respecto a la sexualidad es que los hombres siempre quieren tener sexo. El que ellos tengan baja libido parece un mal chiste del cual, a diferencia del caso contrario cuando es la mujer quien tiene poco apetito sexual, nadie termina de reír convencido de que es prácticamente imposible. Sin embargo, sucede más de lo que se dice, de hecho prácticamente no se comenta pues pone en tela de juicio la virilidad del caballero. Un matrimonio sin sexo por falta de iniciativa masculina se convierte sin duda en un estigma.

Cuando es nuestro esposo quien evita tener contacto sexual y pone excusas para no tener relaciones tendemos a interpretar la situación como infidelidad, falta de amor, ausencia de atractivo y a veces fin de la relación. Comenzamos a sentirnos solas e inseguras, y no podemos ver la situación como una de las tantas fases por las que puede atravesar el matrimonio sin que el vínculo se acabe. Pero antes de caer en la desesperación conviene enumerar las causas por las cuales nuestro esposo podría estar reacio a tener sexo:

Depresión o estrés

El estrés provoca disminución del deseo sexual, lo cual hace imposible la erección. Muchos hombres ante este panorama prefieren replegarse, contener sus emociones y evitar el contacto íntimo. Si bien se dice que para el hombre es más sencillo soltar los problemas, también lo es que algunos de ellos (dificultades económicas, familiares, laborales, dilema de los padres y los hijos) pueden llevarlo a la depresión y allí sí que el ánimo decae hasta para los aspectos más básicos de la vida.

Cansancio

El exceso de actividad diaria y la falta de sueño pueden ser resistidas por hombres muy jóvenes, sin embargo, conforme pasa el tiempo el cuerpo y la mente comienzan a pasar factura. El cansancio excesivo es otro de los supresores del deseo sexual, finalmente la relación sexual es una actividad que amerita mucha energía.

Conflictos con la pareja

El exceso de crítica y la incomprensión por parte de la pareja pueden generar diferencias muy difíciles de conciliar. Hay hombres que en esta situación pierden todo el interés por vincularse íntimamente con sus esposas, debido a que la actitud hostil de ellas los aleja.

Miedo a la intimidad

Una de las causas de la disminución de la frecuencia sexual masculina es la no resolución de conflictos con los padres. Para que una relación de pareja funcione bien es necesario que tengamos superados los conflictos con los seres que nos dieron la vida, por lo que si un hombre vincula su relación de pareja con la fraternal y la experiencia en la infancia fue negativa terminará colapsado y le será muy difícil volver a intimar.

Insatisfacción corporal

La sensación de que no está en óptimas condiciones, la creencia de que es poco atractivo para su pareja y la incomodidad de no verse como quiere también pueden afectar al hombre e inhibirlo sexualmente. No solo las mujeres nos preocupamos por la imagen corporal, de hecho es un elemento importante que revela los cuidados personales y fortalece la autoestima de ambos géneros.

Enfermedad

Algunos quebrantos de salud pueden hacer que el hombre no quiera tener relaciones. El malestar constante, la disminución de la fuerza física y la incertidumbre ante el mal que lo aqueja no son poca cosa para su mente y la mente domina el cuerpo.

Hormonas

El estimulante fisiológico del apetito sexual es la testosterona, por lo que tener bajos niveles de esta hormona, así como de la prolactina y la SHBG (Globulina Fijadora de Hormonas Sexuales), puede suprimir el deseo.

Dificultad en la función sexual

Muchos hombres que sufren disfunción eréctil o creen que eyaculan demasiado pronto o tarde evitan tener sexo con su pareja. La obsesión por rendir en el acto sexual lastimosamente los lleva a tomar esta decisión errónea.

Fármacos

Algunas medicinas, sobre todo los antidepresivos e hipertensivos pueden provocar disfunción eréctil y disminuir el interés en la actividad sexual.

Desconexión sexual

Uno de los aspectos más importantes en la pareja es la sincronización sexual, cuando un hombre no está a gusto con algunas prácticas sexuales de su pareja o tiene intereses que sabe que su compañera no querrá compartir, puede preferir no tener sexo a tenerlo en condiciones incómodas y nada satisfactorias. Por eso es tan importante hablar y negociar.

Masturbación

El exceso de masturbación por visualización de imágenes puede provocar una menor frecuencia sexual con la pareja. Si bien la autoestimulación puede resultarle placentera y satisfactoria, si su recurrencia lo lleva a preferirla antes que a su compañera puede que requiera orientación de especialistas.

Matrimonio sin sexo

Pasos a seguir en un matrimonio sin sexo

Empatía: tratar de ponernos en su lugar. No caer en la idea cliché de que si no quiere intimidad con nosotras es porque no nos ama o tiene otra, debemos pensar racionalmente. Observar el comportamiento tanto de él como el nuestro para intentar comprender qué elementos pudieron afectar su libido. Debemos ser pacientes y tolerantes, pues no es un proceso fácil.

Actitud: pequeños cambios en la actitud pueden lograr buenos resultados. Procurar actuar de manera distinta a la habitual puede ayudarlo a liberar la presión y así encontraremos una solución más efectiva.

Conversar: comenzar el diálogo con comentarios positivos lo motivará, explicarle con sinceridad cómo nos sentimos y la importancia que tiene para nosotras el sexo con él será un paso necesario que traerá muchos beneficios. Hay que evitar el juicio, la queja y la crítica, lo que buscamos es negociar, llegar a acuerdos, no reprochar. Asimismo, debemos atender con todos nuestros sentidos las respuestas que verbaliza y lo que nos comunica a través de su lenguaje corporal, prestar atención nos dará pistas acerca del problema y estaremos más cerca de la solución.

Darle afecto: hacerlo sentir amado es fundamental para que sepa que no está solo en este proceso y que somos las más interesadas en solventar la situación. Expresarle lo que sentimos por él seguro lo unirá más a nosotras.

Descanso: darle tiempo de reposo, sobre todo si hay evidencia de cansancio, le aliviará muchas presiones. Colaborar con él e incluso aligerarle ciertas cargas es un gesto solidario que puede ayudar en estos casos.

Buscar soluciones: una vez que sepamos cómo se siente lo que sigue es identificar los elementos del problema y buscar alternativas para resolverlo. Más que ver los obstáculos se trata de ir tras las soluciones.

Ayuda profesional: si nos damos cuenta de que no contamos con las herramientas para superar el trance, lo mejor es buscar ayuda profesional. A veces caemos en la tentación de comentar nuestras intimidades con familiares y amigos, pero esto no siempre resulta adecuado porque las necesidades sexuales deben quedar reservadas para la discusión de la pareja. Hay muchos talleres, recursos y terapias que podrán abrirnos las puertas para transformar la experiencia en algo positivo y enriquecedor.

Compartir: buscar una actividad para hacer juntos puede unirnos más como pareja y liberarlo de tensiones. Eso sí, tratemos de que el tiempo sea de calidad y de que la actividad sea elegida en consenso.

Seducir: en vez de presionarlo y criticar lo que no hace podemos comenzar a hacerlo nosotras. Se trata de renovar nuestra energía sexual con calma y cariño, de modo que no se sienta acosado y termine teniendo sexo por obligación. Si la seducción funciona, con el tiempo podremos salir de lo convencional y probar nuevas posiciones o técnicas sexuales.

Cero infidelidad: si bien esta etapa puede resultar muy cuesta arriba e incluso prolongada, la paciencia será la mejor arma. Pensar que la única salida es tener una aventura con otra persona o separarnos de nuestra pareja no es más que el reflejo de la frustración. Incluso si nuestra relación llega a su fin, no vale la pena ser infiel, la lealtad es indispensable en toda relación humana.

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