Archivo de la categoría: Mitología y Leyendas

tomar a la novia en brazos

La tradición de tomar a la novia en brazos, ¿qué significa?

¿Alguna vez te has preguntado de dónde proviene esa tradición de tomar a la novia en brazos, luego de casarse? Seguramente sí, y por eso estás leyendo este artículo. Pues te diré que su origen tiene varias versiones, unas más románticas que otras.

La versión más aceptada en diferentes culturas es la superstición de que los pies de la novia no deben tocar el suelo al llegar a la habitación donde pasarán su primera noche de casados, tampoco deben tocar el suelo de su nuevo hogar. Por eso el novio debe cargarla en ambas oportunidades. Podría ser toda una proeza si el novio es muy delgado y la novia está rellenita, pero de acuerdo con la tradición, igual tiene que hacerlo.

Veamos los dos lados de esta tradición: el lado iluminado (o romántico) y el lado oscuro (o no tan romántico).

El lado romántico y protector

Se trata de un rito que muchas parejas hacen en la actualidad, aunque desconocen su significado. Sus orígenes se encuentran en la antigua Roma, cuyos habitantes creían en la existencia de espíritus malignos que se posaban en las entradas de las casas.

Por lo tanto, como una forma de proteger a sus mujeres, los novios las cargaban en sus brazos para impedir que pisaran algún designio de los malos espíritus regados en el suelo de la casa. El velo y las damas de honor tenían la misma función.

Asimismo, en la misma cultura existía la creencia de que tropezarse era un augurio de mala suerte para el futuro del matrimonio. Por lo tanto, para evitar que las novias se enredaran con sus largos vestidos y se tropezaran al entrar al hogar, los hombres las cargaban.

No conforme con eso, también debían entrar con el pie derecho, lo cual simboliza la buena fortuna, de manera que en el futuro a los novios no les faltara nada. En conclusión, se trata de una costumbre que esconde un sentido romántico, simbólico y de protección que no pasa de moda.

El lado oscuro de la historia

Pero como en todo cuento de hadas hay una bruja que quiere arruinarlo todo, hay cosas que capaz no son lo que parecen. Así como Disney adaptó los oscuros cuentos de los hermanos Grimm y los convirtió en historias fantásticas para niños, así podría haber ocurrido con esta tradición. ¿Qué pasa si las versiones antes descritas tienen la finalidad de tapar algo un poco más “perverso”? Veamos.

Tal parece que el asunto tiene que ver con el rapto de mujeres. Es decir, llevarse mujeres a la fuerza y a las malas. Hay muchísimas historias con respecto al rapto de mujeres, pero la más famosa es el mito romano del rapto de las sabinas.

El mito del rapto de las sabinas

Cuando Rómulo fundó Roma y las primeras instituciones, se dio cuenta de algo terrible: faltaban mujeres. Sin mujeres no podían crear descendencia y poblar la ciudad. Ante esto se le ocurrió una idea: organizar unos juegos e invitar a las poblaciones vecinas para que participaran.

Pues bien, asistieron muchas tribus, pero los sabinos destacaron en número, llegando en masa y acompañados por sus mujeres e hijos. Acogidos como huéspedes, los sabinos pudieron disfrutar alegremente del esplendor que Roma había alcanzado en tan poco tiempo, y asombrarse ante todas las nuevas construcciones.

Pero cuando llegó la hora de comenzar los juegos su asombro tornó en horror. A una señal, los jóvenes romanos tomaron al unísono a las doncellas sabinas y se las llevaron a sus respectivas casas, sin que los padres de las muchachas pudiesen hacer nada por evitarlo.

Después de muchos intentos en los que los sabinos se organizaron para luchar y recuperar a sus mujeres, resulta que ellas se enamoraron de sus raptores. Los soldados de ambos bandos tuvieron que parar las batallas y hacer una alianza. Desde entonces los romanos y los sabinos formaron un solo pueblo.

Versión goda

Tiene que ver con el rapto de las mujeres y más directamente con la tradición de cargar a la novia. La historia señala que los godos, un pueblo germánico, debían raptar mujeres de tribus cercanas cuando en su poblado no había suficientes. Lo hacían para saciar su sed sexual y para casarse con la más bonita, como si fueran objetos.

Una vez que escogían la que más les agradaba, la tomaban en sus brazos y se la llevaban. Lo hacían así porque para adueñarse de la chica, ella no podía pisar el suelo durante el trayecto desde el lugar del secuestro hasta su nuevo hogar. De lo contrario, la mujer quedaría en libertad.

Versión machista

Por si fuera poco, también hay una versión machista. Cuando el hombre carga a la mujer en sus brazos, significa que él es el más fuerte y que en la casa se hace lo que él diga. Ella se deja cargar como muestra de sumisión y debilidad.

¿Con cuál de todas las versiones te quedas tú? Digamos que es cuestión de perspectivas. Pero para no arruinar la emoción del momento, mejor apostemos por la versión romántica. Total, cuando hay amor todo se vale.

La homosexualidad en la Antigua Grecia

La homosexualidad en la Antigua Grecia, cuestión de perspectiva

La homosexualidad en la Antigua Grecia tenía un cariz particular. El concepto de homosexualismo ha sido muy diferente a lo largo de la historia. El tabú con respecto al tema surgió a raíz del cristianismo. De hecho, las palabras homosexual y heterosexual son términos que vienen de mediados del siglo XIX.

Hay que recordar que la sociedad griega en la Antigüedad era hedonista y vivía su sexualidad sin pensarla como un pecado. Eso vino después, con el cristianismo.

De acuerdo con el arqueólogo Moisés Reixach, en la Antigua Grecia «la homosexualidad se medía por el binomio activo/pasivo. Lo importante era ser el activo, el dominador, ya fuese con un hombre o con una mujer. Lo mal visto era ser el pasivo, ya que simbolizaba debilidad, sumisión».

La pederastia y la homosexualidad aristocrática

La homosexualidad, sin embargo, no era aceptada entre hombres adultos de la misma edad. Lo único que era bien visto, por algunos, era la homosexualidad entre un joven y un adulto. Se trataba de una suerte de padrinazgo en la que un mentor (mayor de 40 años) asumía la formación militar, académica y sexual de un joven (entre 15 y 18 años), hasta que alcanzara edad suficiente para casarse.

Además, esa pederastia o “relación homosexual” solo era aceptada entre los miembros masculinos de la Aristocracia (aunque era objeto de burla por parte de los plebeyos). El lesbianismo era mal visto, así como las relaciones entre hombres que fuesen ciudadanos o esclavos, por ser considerados inferiores.

Asimismo, los parientes de esos jóvenes que asumían la actividad como una subasta, o los jóvenes que vendían sus favores, eran condenados por ir contra la dinámica.

Se trataba de una relación desigual. El adulto, erastés, era el amante, quien podía volverse loco de deseos sexuales hacia el joven. Pero el joven, erómenos, era el amado, debía ser inteligente, virtuoso y atractivo sin mostrar deseo hacia su protector, solo afecto y agradecimiento. Por supuesto que a puertas cerradas podía suceder cualquier cosa.

Amantes espartanos

En ciudades-estado muy militarizadas como Esparta, la homosexualidad, o pederastia en este caso, era vista de otra manera. De acuerdo con el arqueólogo Reixach, «A los 12 años se les asignaba un adulto como instructor (paidónomos), responsable de su educación y de inspeccionar sus progresos, especialmente en las habilidades militares».

Como en el ambiente castrense no podían mantener contacto mujeres, los jóvenes tenían sus primeras experiencias sexuales con sus propios compañeros. De hecho, podían enamorarse genuinamente y mantener relaciones afectivas como amantes. Creaban “auténticos lazos de amor y fidelidad entre compañeros de armas», relata Reixach.

Los espartanos veían en esas relaciones una lógica estratégica para las batallas. Según su pensamiento, el ejército espartano se mantendría más unido e invencible si sus miembros se tenían afecto de ese tipo. Pues cualquiera podría pelear con mayor ferocidad si veía a su amante caído por las armas enemigas.

Hoy en día el concepto de homosexualismo es mucho más aceptado en la sociedad occidental. Aunque todavía quedan trabas por superar, el amor libre ha llegado para dejar atrás los prejuicios que tanto daño han hecho a los amantes del mismo sexo

 

el prostíbulo de Valencia

El prostíbulo de Valencia, el más grande lupanar en la Edad Media

Durante la Edad Media, los prostíbulos eran “un mal necesario”, eso lo decían los mismos curas de aquellos días. Estos lupanares servían para que los hombres no descargaran sus “ansias” en las “mujeres honradas” (mujeres, vírgenes sobre todo, que no vendían su cuerpo por dinero). Esta idea ya había sido expuesta anteriormente por San Agustín: “quita las cloacas en el palacio y lo llenarás de hedor; quita las prostitutas del mundo y lo llenarás de sodomía”. Sí, es una cruel comparación, pero así se pensaba en ese tiempo. El prostíbulo de Valencia, España, era el mayor y más concurrido, llegó a ser conocido por toda Europa.

Atracción turística de la ciudad… ¿?

Quién lo diría… Era una de las épocas más represivas en cuanto a la libertad sexual. Sin embargo, la mayor atracción turística de aquellos que visitaban Valencia era, nada más y nada menos, que el prostíbulo. Dicho lugar era muy famoso por albergar hasta doscientas prostitutas. Muchísimos clientes pasaban la puerta y salían halagando a las mujeres que allí se encontraban. Se consideraba una atracción turística, hasta el año 1651 cuando mandaron a las meretrices abandonar el lugar.

El mal necesario

En el documento “Ciudad y prostitución en España en los siglos XIV y XV”, escrito por Eduardo Muñoz, se afirma que la prostitución se legalizó a mediados del siglo XIV. Dicha medida se tomó como estrategia para controlar ese oficio condenado moralmente por la Iglesia Católica y, en general, por gran parte de las personas medievales del momento. También para “encerrar” a las mujeres de “vida airada” de la “comunidad sagrada”. O sea, era un mal necesario para que los hombres disfrutaran y para ocultar a esas mujeres que eran consideradas una vergüenza dentro de esa sociedad.

No obstante, aunque las prostitutas eran denigradas, al mismo tiempo eran consideradas una especie de salvadoras, pues se dedicaba a “canalizar la violencia sexual” de aquellos jóvenes alocados con ganas de sexo. Así, esos  hombres sátiros no se mirarían a las “mujeres honradas”.

Por esa razón se institucionalizó el oficio y nació la “prostitución pública”, por eso las prostitutas eran llamadas “mujeres públicas”. A partir de ahí, muchas ciudades inauguraron sus lupanares. De hecho, con la institucionalización, las meretrices que se negaban a dejar sus antiguas zonas de trabajo (en las calles, por lo general) fueron demonizadas y más denigradas aún por llevar su labor de forma externa a la ley. Es decir, la prostitución clandestina era ilegal. Eran esas prostitutas “rebeldes” a las que perseguían y castigaban. Cuando las atrapaban, les decían que debían pagar algún monto de dinero a cambio de su libertad; si no tenían, las azotaban.

El prostíbulo de Valencia

Cuando crearon el burdel, construyeron un muro alrededor de él para separarlo del resto de la población. Se le dejó solo una entrada destinada para acceder al lugar. Incluso se cegaron las calles que se hallaban en las cercanías y se estableció un guardia en la puerta para que revisara a los clientes antes de que entraran, y quitarles cualquier arma amenazante que pudieran portar. Esta mancebía estaba organizada como una pequeña comunidad dirigida por un Regente.

Organización

Dentro de los muros, el burdel era como una mini ciudad dividida en varias calles, donde se encontraban unos 15 hostales y varias casas. Las prostitutas podían hospedarse en uno de los hostales alquilando una habitación, o en una de las viviendas. A ellas les resultaba mejor alquilar una de esas casas porque tenían más independencia.

Dichas casas era pequeñas pero con fachadas muy hermosas y muy bien cuidadas, adornadas de flores y arbustos aromáticos. Las mujeres se sentaban en la puerta esperando a sus clientes, o se las veía hablando con hombres desenfadadamente.

Aun así, seguían dependiendo de los hostaleros, aquellos que las contrataban y con quienes pactaban el sueldo. Ellos también hacían labores de prestamistas y les daban dinero a las prostitutas para que adquirieran joyas y vestidos. También cuidaban de ellas cuando se enfermaban. Ninguna meretriz podía abandonar el lupanar sin antes haber pagado todas sus deudas, cosa que, de cierta forma, las tenía amarradas al lugar.

A las prostitutas las revisaban doctores cada cierto tiempo para asegurarse de que no tenían algún mal venéreo o alguna otra enfermedad contagiosa. La verdad es que estas mujeres estaban muy bien cuidadas y atendidas, algunas hasta se daban lujos exquisitos porque recibían muy buenos sueldos.

Distinciones religiosas

Las mujeres públicas que estaban dentro de ese prostíbulo de Valencia eran de muchas ciudades. Se las llamaba y reconocían de acuerdo con su procedencia: “la aragonesa”, “la de Murcia”, por ejemplo. Algo parecido sucedía con la religión, pues las relaciones entre diferentes religiones estaban prohibidas. Es decir, aunque el lupanar también estaba abierto para recibir a gente extranjera, los judíos y los musulmanes no debían juntarse con los cristianos. Si la prostituta era cristiana, no podía relacionarse con un judío o un musulmán.

Condiciones para ejercer la prostitución

Contrario a lo que podría pensarse, con que las mujeres llegaran a ofrecer su cuerpo no era suficiente, sino que debían cumplir con los siguientes parámetros:

  • No podían ser menores de 20 años.
  • Debían solicitar una licencia al Justicia Criminal.
  • Debían trabajar todos los días, excepto Semana Santa y otras fechas religiosas. Pues debían santificar las fiestas. De hecho, durante Semana Santa, las prostitutas hacían un retiro espiritual obligatorio, sufragado por la misma ciudad.

Curiosamente, en el retiro espiritual, a las meretrices se le daban charlas y, mediante oraciones, se buscaba persuadirlas para que dejaran de ejercer el oficio de la prostitución y volviesen al recto camino del Señor. Algunas cedían y dejaban de prostituirse, pues le prometían encontrarles marido para que pudieran establecerse y se hicieran señoras de hogar.

Clausura del burdel de Valencia

En el año 1651, el Arzobispo y Virrey de Valencia, Fray Pedro de Urbina, ordenó que se cerraran las puertas del prostíbulo y que las mujeres del “malvivir” abandonaran su trabajo y se pusieran a servir a Dios o a estar en sus casas. Algunas simplemente huyeron porque no podían dejar su oficio, otras resistieron en el burdel y no se fueron porque no tenían a dónde ir. Bueno, a estas últimas, se las obligó a ser monjas y a eso se dedicaron a partir de ahí. Las otras seguían siendo prostitutas, pero en las calles, cosa que aumentó los contagios de enfermedades venéreas.

¿Y qué hay del amor?

Bueno, durante el tiempo en el que el burdel estuvo abierto, muchísimos hombres visitaban el lugar, incluso los que ya estaban comprometidos o casados. Claro que algunos terminaron enamorándose de sus meretrices, pero no podían hacer nada, no podían casarse con ellas, y ellas debían rendirle cuentas a sus hostales. De alguna forma esos hombres enamorados se las arreglaron para tener a sus prostitutas muy consentidas con joyas y demás. Pero ellas no podían serles fieles, sexualmente hablando, pues con su trabajo se ganaban la vida y pagaban sus deudas.

Nuestros productos recomendados

La escalera del amor

La escalera del amor: La conmovedora historia de Liu Guojiang y Xu Chaoqing

Si todavía te quedan dudas acerca de la existencia del amor verdadero, déjame decirte que esta historia cambiará tu forma de pensar y te hará creer que todo lo que se hace por amor, vale la pena. Liu Guojiang y Xu Chaoquing lo sabían, por eso su relación pudo vencer todos los obstáculos y crecer, peldaño a peldaño, hasta la cúspide de la “escalera del amor”.

Se trata de una verdadera historia que comenzó hace más de medio siglo en China. Liu Guojiang era un jovencito de 19 años cuando conoció a Xu Chaoquin y se enamoró de ella. El único “problema” era que Xu era 10 años mayor que él, viuda y con hijos.

Como sabrás, si el tema de la diferencia de edad todavía en la actualidad hace que la gente se alarme y cree un drama moralista, imagínate como era la situación hace más de 50 años, y en China. Era algo completamente fuera de lugar, mal visto y censurado. Nadie, ni familiares, ni amigos, mucho menos la sociedad, apoyaron a Liu y Xu.

El nido de amor

En vista de que nadie apoyó su amor, Liu y Xu decidieron alejarse por completo de las malas vibras y de las miradas acusadoras. La mejor decisión que pudieron tomar. De hecho, se aislaron de la sociedad y se mudaron a una pequeña cueva que se encontraba en lo alto de una montaña, en Jiangjin County (Chongqin), suroeste de China. Parece cuento de hadas, pero sucedió en la realidad.

En aquel lugar, Liu construyó un refugio muy artesanal, con sus propias manos, para vivir con su esposa Xu. Por supuesto, no tenían nada, ni electricidad, a veces ni siquiera tenían comida, salvo algunas hierbas y raíces que encontraban a su alrededor. Liu fabricó una lámpara de queroseno como solución a la carencia de luz. Así fue como lograron iluminar sus vidas.

La verdad, este escape de Liu y Xu trajo consigo muchas carencias. Pasaron por muchos infortunios y necesidades. Pero eso no los detuvo. Xu siempre le preguntaba a Liu si se arrepentía por la osadía, pero él siempre le respondía: “siempre y cuando seamos positivos, la vida va a mejorar”.

La escalera del amor

Además, el camino para llegar a su hogar era demasiado empinado y complicado de transitar. Debido a la dificultad, a veces era Liu el que tenía que bajar al pueblo más cercano porque no había de otra, tenían que proveerse de alimentos, pues de lo contrario morirían. Cuando eso ocurría, Xu se quedaba sola durante dos días.

El regalo más hermoso que le hizo Liu a Xu, fue construir con sus propias manos los peldaños que permitirían aligerar la subida de 1550 metros de desnivel. Esto lo hizo luego de dos años de vivir ahí y le tomó 50 años terminar la escalera. Fue una demostración de todo el amor y respeto que sentía hacia su esposa. La mejor manera de decirle: “te amo”.

Un final conmovedor

Liu y Xu formaron su propia familia, siempre estaban agarrados de las manos, tuvieron siete hijos y vivieron felices juntos, alejados de la civilización. No obstante, cuando Liu había cumplido 72 años de edad, regresó a su casa después de sus labores agrícolas diarias, y murió en brazos de su amada Xu. Ella, de 82 años, tomó su mano y oró por su alma. Dicen que, ni aún después de muerto, Liu soltó la mano de su mujer. Ella, afligida y muy triste, pasó días repitiendo las siguientes palabras:

“Tú me prometiste que cuidarías de mí, que siempre estarías conmigo hasta el día que muriera, pero tú te fuiste antes que yo. ¿Cómo voy a vivir sin ti?”.

Una de las mejores historias de amor en China

En el año 2006, toda esta historia se convirtió en una de las diez mejores y más famosas historias de amor en China. De hecho, el gobierno local decidió conservar y cuidar la “escalera del amor” y el refugio donde Liu y Xu vivieron por muchísimos años, como un museo, con la finalidad de que esta historia de amor pudiera ser recordada, de manera que trascendiera los tiempos.

Esta historia demuestra que el amor puede vencer cualquier obstáculo, siempre que ambos caminen juntos de la mano y sepan salir de las adversidades, apoyándose el uno al otro en todo momento.

Nuestros productos recomendados

Abelardo y Eloísa historia de amor

Abelardo y Eloísa, una historia de amor marcada por la tragedia

Esta es la típica historia de amor entre un maestro y su alumna, cuyo final terminó en tragedia porque la relación tuvo lugar en una época represiva: la Edad Media. Si pensabas que tu amiga era una desvergonzada por salir con tu profesor de matemáticas, pues te digo que Abelardo y Eloísa burlaron hasta a la mismísima iglesia católica.

Y no, no se trata de una leyenda. Esto ocurrió en serio, por allá en el siglo XII. La historia ha sobrevivido centenares de años gracias a que el propio Pedro Abelardo escribió un libro llamado Historia de mis calamidades, en el que cuenta las experiencias de amor que tuvo con su aprendiz Eloísa.

En esa época, esta relación fue el súper chisme. Si hubiese habido televisión, Abelardo y Eloísa habrían protagonizado las noticias de farándula. Sin embargo, su amor se vio plagado por otra serie de infortunios mucho más graves.

El origen del trágico amor entre Abelardo y Eloísa

Abelardo fue un filósofo y teólogo francés, apuesto y carismático, que conoció a un canónigo de la catedral de París, llamado Fulberto. El canónigo, reconociendo la capacidad intelectual y académica de Abelardo, le encargó la educación de su sobrina Eloísa, y lo recibió en su propia casa para que la educara y la cuidara. Abelardo gozaba de una fama como persona digna de confianza. Sin embargo, se vio atraído por la belleza y la gran inteligencia de Eloísa. Esa atracción era mutua, así que el deseo resultó ser más intenso que los pudores.

Abelardo escribió en sus memorias que el pretexto del aprendizaje les permitió a ambos darle rienda suelta a la pasión que sentían, eran más los besos y las caricias que el estudio.

Abelardo se vio afectado por sus sentimientos hacia Eloísa, pues su desempeño como profesor en otros lugares, y como poeta, bajó considerablemente y su rendimiento era deficiente. No hacía nada más que hablar de amor y sus conferencias no tenían mucha sustancia. Los alumnos pensaron que Abelardo estaba enamorado, de ahí empezaron a correr los rumores en toda París acerca del romance entre él y Eloísa. El único que se mantenía ajeno a esos comentarios era el canónigo Fulberto, puesto que confiaba ciegamente en su adorada sobrina.

Pero, con el pasar de un tiempo, Fulberto se enteró. Abelardo y Eloísa se vieron obligados a separarse, luego de cuatro años de relación a escondidas, ambos quedaron ahogados por el dolor que suponía no volverse a ver.

La fuga de los amantes

Poco después de haberse separado, Eloísa descubrió que estaba embarazada, así que hizo todo lo posible por hacerle llegar la noticia a su amado. Abelardo decidió raptarla, aprovechando que Fulberto no estaba en casa. Huyeron y se refugiaron donde la familia de Abelardo. Permanecieron ahí hasta que nació el bebé, al que llamaron Astrolabio.

Abelardo decidió regresar a París, pero con mucho miedo e incomodidad, lo cual le impidió solucionar las cosas con Fulberto. Pensar en matrimonio no era algo fácil, pues en aquella época los hombres de ciencia no podían casarse, ya que se consideraba que una mujer y una familia serían obstáculo para el desempeño académico del intelectual.

Por lo tanto, para no perder sus oportunidades académicas, Abelardo decidió casarse con Eloísa, pero en secreto. Fulberto vio su orgullo dañado y no guardó el secreto, por eso le dijo a todo el mundo que el académico y su sobrina se habían unido en matrimonio.

En consecuencia, Abelardo envió a su esposa a un convento para mantenerla segura. Él le pidió a Eloísa que utilizara la vestimenta de las monjas, excepto el velo, con la finalidad de calmar la ira de Fulberto. Pero eso no hizo más que enfurecerlo aun peor.

La venganza de Fulberto

Llevado por el enojo, Fulberto sobornó a unos funcionarios para que, durante la noche, permitieran la entrada de unos atacantes en la habitación donde Abelardo dormía. Los atacantes castraron a Abelardo, despojándolo de su miembro viril. A partir de ahí, el brillante filósofo obtuvo la fama de ser un hombre incompleto.

Abelardo pensó en convertirse en un monje, recluirse y dedicarse a Dios, pues era la única manera en la que su orgullo no se vería afectado después de su trágico destino. Finalmente ingresó en la orden de los dominicos y en la Abadía de Saint-Denis.

Antes de ingresar a la orden de los dominicos, Abelardo convenció a Eloísa para que tomara el velo y se convirtiera en monja. Ella era muy joven, hermosa y brillante, tenía toda una vida por delante, con infinitas oportunidades. Sin embargo, aceptó y se hizo monja, no por amor a Dios, sino por amor a Abelardo.

A partir de ahí, se separaron por completo. Él monje y ella monja, no podían estar juntos, pero siguieron amándose profundamente a pesar de todo. Abelardo falleció primero. Tiempo después, cuando ella murió, fue enterrada a su lado.

Como verás, si trasladamos la historia al siglo XXI, resultaría completamente normal la relación entre un maestro y su alumna (vamos, estos casos son el pan de cada día en la actualidad). Sin embargo, su mayor tragedia fue haber nacido en la Edad Media. Su amor se dio en el momento y el lugar equivocados, esa fue su verdadera perdición. Aun así, esta historia es una clara muestra de lo que las personas pueden hacer en nombre del amor.

Tristán e Isolda, por el artista Edmund Blair Leighton (1853–1922).

La trágica leyenda de amor de Tristán e Isolda

¿Sabías que antes de Romeo y Julieta hubo otra historia de amor igual de trágica? Pues sí, la leyenda de Tristán e Isolda narra un idilio de amor signado por lo prohibido y lo mágico. Dicha historia data del siglo XII, es decir, de la Edad Media. Se transmitió de boca en boca por los trovadores, pues en ese tiempo el analfabetismo era una regla en los pueblos medievales, los únicos que sabían leer eran los que ostentaban el poder (la Iglesia, la realeza y la nobleza); mucho menos existían televisores ni cines.

La versión original proviene de Francia, pero como se transmitió de forma oral, muchas personas le agregaron o le quitaron acciones a la trama. Como consecuencia, muchos autores de distintas nacionalidades modificaron y adaptaron la historia a su manera, por eso si te interesa saber de ella, no te mortifiques cuando veas varias versiones de la misma, condimentadas de diferente forma, pero siempre manteniendo lo esencial: un amor prohibido marcado por muchísimas dificultades.

La leyenda de Tristán e Isolda

Para una historia trágica, un inicio trágico

El rey Marco de Cornualles (Inglaterra) vio cómo su tierra caía en manos del enemigo. Para salvar a su pueblo, solicitó la ayuda de su fiel amigo Rivalen, el rey de Leonís. Rivalen cruzó el mar para ayudar a Marcos a combatir a sus adversarios. Lo lograron, pudieron vencerlos. Así que, para celebrar, el rey Marcos le ofreció a Rivalen la mano de Blancaflor, quien era hermana de Marcos. De esta manera, los fieles amigos también se hicieron cuñados. Además, el compromiso no resultó un fraude, puesto que Rivalen y Blancaflor se amaban.

Sin embargo, el matrimonio fue breve. Rivalen y Blancaflor tuvieron que irse de Cornualles y regresar a Leonís porque estaba siendo invadida por los enemigos, por lo tanto había que defender el reino. Cruzaron el mar, con Blancaflor embarazada. Pero al llegar, casi todo estaba perdido. Rivalen murió en manos de los oponentes. Eso invadió a Blancaflor de una profunda tristeza.

Ese mismo día, ella dio a luz a su hijo, y le puso por nombre Tristán, debido a que había nacido en un momento muy triste. Luego de unos segundos del parto, Blancaflor murió. Tristán quedó huérfano de ambos padres el mismo día de su nacimiento, justo cuando los enemigos entraban al castillo. Con el rey y la reina muertos, solo quedaba el leal Rohalt para salvar al niño. Por lo tanto, Rohalt huyó con el recién nacido y lo hizo pasar por su hijo hasta que fuera seguro devolverlo a su verdadero linaje: El rey de Leonís.

Un niño que se convierte en héroe

Tristán creció con sus hermanastros y a los siete años recibió la educación de un escudero, enseñanza que necesita todo rey para ser experto un caballero en las armas y en las artes.

Un día fue raptado por unos mercaderes de Noruega, quienes lo abandonaron en el mar. Así fue cómo Tristán llegó a tierras lejanas donde lo apreciaron por su desempeño en las armas. Esa tierra era nada más y nada menos que Cornualles. Cuando el rey Marcos y Tristán supieron que eran familia, sobrino y tío, se hicieron buenos amigos. Su amistad era tan sólida, que cuando Tristán volvió a Leonís para recuperar su trono, dejó el reino en manos de Rohalt, su padre adoptivo, para regresar a Cornualles con su tío.

Pero los enemigos volvieron a aterrorizar a Cornualles. Esta vez, quien defendió el reino fue Tristán, quien atravesó su espada en el cuerpo del adversario. Pero la victoria no se celebró, puesto que Tristán resultó envenenado con la espada del contrincante. Días después, Tristán yacía en una cama con heridas que se estaban pudriendo. Así que Tristán le pidió al escudero que lo metiese a una barca y lo enviase al mar.

Tristán conoce a Isolda la Blonda

Tristán llegó a Irlanda y cayó en las manos de Isolda la Blonda, una bella dama que supo curar sus heridas. Mientras tanto, en Cornualles, el rey Marcos era presionado para tener un heredero, cosa que implicaba buscar una bella mujer con la cual desposarse.

Cuando Tristán regresó a Cornualles, su tío había recibido mediante una paloma un mechón de pelo rubio e insistió en casarse con la dueña de ese hermoso cabello, quien era nada más y nada menos que Isolda la Blonda. Por lo tanto, envió a Tristán de nuevo a Irlanda para que buscara a la princesa y ganara su mano en nombre del rey de Cornualles. Tristán tuvo que luchar contra un terrible dragón que acechaba a los irlandeses, y con su victoria ganó la mano de Isolda, que ya la conocía con anterioridad.

En el viaje de regreso, ambos beben una pócima de amor que había preparado la madre de Isolda para su hija y el rey Marcos, es ahí donde Tristán e Isolda caen profundamente enamorados, y esa misma noche en el barco se entregaron el uno al otro.

Un amor prohibido

Al llegar a Cornualles, Isolda tuvo que casarse con el rey Marcos. Sin embargo, en su noche de bodas, Isolda no ocupó el lecho sino que mandó a su doncella a que, con el amparo de la oscuridad, se acostara con el rey Marcos. Eso se repitió las noches siguientes, durante mucho tiempo.

Mientras eso ocurría, Tristán e Isolda vivían apasionadamente su amor furtivo ocultándose de Marcos y de los demás en el reino. El que los apoyaba y ayudada en sus salidas ocultas era el escudero de Tristán.

Con el pasar de los días, Marcos se enteró de los rumores y comenzó a poner trampas a los amantes, pero ninguna dio efecto. Un día, el propio rey Marcos descubrió a Isolda y a su sobrino a solas en un jardín del palacio y los sentenció a muerte.

Cuando fueron llevados a juicio, Tristán logró escapar. Pero el rey Marcos, sediento de venganza, decidió enviar a Isolda con los leprosos para que la contagiaran, de esta manera su belleza sería carcomida. Cuando Isolda partió con los leprosos, se encontró a Tristán en el bosque y él la salvó. Ambos se fueron a vivir como fugitivos en el bosque, ahí vivieron en muy malas condiciones y pasaron muchísimos infortunios.

Tristán se casa con otra

El rey Marcos consiguió a su sobrino y a Isolda en medio del bosque, pero los halló separados (ellos no podían juntarse, el veneno del amor no los eximía del remordimiento, y aunque se desnudaran y se acercaran, nunca llegaron a tocarse). El rey Marcos pensó que la infidelidad era mentira, así que decidió perdonarlos a ambos y los llevó de regreso al palacio. Tristán, para no causarle más problemas a su amada, partió a Bretaña para casarse con otra mujer, pero jamás consumó el matrimonio.

Un trágico final

Un día, Tristán recibió una herida que, como siempre sucedía, se infectó. Él sabía que únicamente Isolda, su amada, podía salvarlo. Por lo tanto, envió a un barco para que la buscara, sin saber si vendría o no. Le dijo a su esposa que vigilara cuando llegara el barco, pero ella, llena de celos, le mintió a Tristán y le dijo que Isolda no había llegado.

Él murió con el corazón destrozado pensando que Isolda no había ido para salvarlo. Al enterarse de la muerte de Tristán, Isolda se afligió mucho y también murió. El rey Marcos los enterró juntos en Cornualles. Sobre la lápida de Tristán creció una viña, y sobre la lápida de Isolda creció un rosal. Al crecer, las plantas se entrelazaron como muestra de que ni la muerte podía romper el profundo amor que había entre estos amantes.

Versiones de la leyenda

Como mencioné anteriormente, esta historia tuvo muchísimas versiones, las cuales se pueden clasificar en dos variantes:

La versión Común

Está basada en la acción y en el conflicto. En esta versión, la poción del amor tiene una duración limitada de tres años, en la que Tristán e Isolda dejan de amarse y son conscientes del adulterio que han cometido. Fue la versión más aceptada en la Edad Media, puesto que este periodo estuvo marcado por la moral católica.

La versión Cortés

Se centra en el amor y en el viaje emocional de los personajes. Su nombre proviene del concepto de “amor cortés” originado en la Francia medieval, un amor que nunca muere, donde la mujer es vista como una musa de gran belleza que el hombre busca consentir y admirar. En esta versión, el efecto de la poción nunca terminó, más bien reafirmó el amor que Tristán e Isolda se tenían. Esta variante fue más bienvenida a partir del surgimiento del Renacimiento y el Romanticismo.

Legado de la leyenda

La historia ha sido llevada al teatro y al cine, tiene una película animada llamada Tristán e Isolda, y otra llamada Tristán + Isolde,  protagonizada por James Franco en el 2006.

La película del 2006 ha sido criticada por algunas personas debido a que difiere de sus versiones literarias. La trama no cuenta con los elementos mágicos (el dragón y la poción), sino que presenta un relato más real basándose en cómo hubiera sido la historia de estos amantes si en serio hubieran existido (dado que estamos hablando de una leyenda).

Sin embargo, otras personas han defendido esa película porque consideran que no le ha sido infiel a su naturaleza hablada. Es decir, hay tantas versiones, que una más (con elementos más reales) no le hace daño a la historia sino que le da mayor verosimilitud.

Nuestros productos recomendados

Cleopatra y Marco Antonio

La trágica historia de amor de Cleopatra y Marco Antonio

La historia de amor de Cleopatra y Marco Antonio no es el típico cuento de hadas que te puedas imaginar. Está cargada de ambición, poder, sexo y muerte. Fue una unión tormentosa con la capacidad de poner en jaque al Imperio Romano. Se dice que el amor inició como un juego de intereses y una lucha de poder, en la que Egipto y Roma se miraban frente a frente.

Como si de novela mexicana se tratara, esta historia de amor es puro drama y culebrones. Pero vamos a trasladarnos a los hechos…

Por un lado, Cleopatra

Cleopatra VII, cuyo nombre completo era Cleopatra Filopatro Nea Thea, fue la última reina del Antiguo Egipto. De acuerdo con el historiador Plutarco, la educación de Cleopatra fue griega, era una mujer conocedora, aprendió seis idiomas, fue instruida en música, ciencias políticas, literatura, medicina, astronomía y matemáticas. Vamos, era una mujer súper inteligente.

No obstante, su belleza no era tan deslumbrante como suele creerse. Como si de una Afrodita se tratara, su principal atractivo era, más bien, su personalidad dulce, su voz seductora, la forma de su cuerpo, su labia, su elegancia y la manera culta en la que podía mantener una conversación sin aburrir a su oyente.

Desde pequeña vivió la injusticia y la desconfianza. A los 11 años huyó con su padre a Roma, para escapar de las atrocidades de su hermanastra, la cual había asesinado a su madre y a su marido para quedarse con el trono egipcio. Cleopatra, con ánimos de venganza, y embriagada de ganas para hacer la justicia, creció con la motivación de recuperar el poder y devolverle a Egipto su antiguo esplendor, arrebatado por la codicia de su hermanastra.

Por otro lado, Marco Antonio

Fue un militar y político romano, muy apuesto, estaba en el servicio de su tío Julio César (el hombre más poderoso del momento). Se enamoró perdidamente de Cleopatra.

Pero vamos por partes.

Inicia el novelón

La astuta Cleopatra regresó a Egipto con su padre y un poderoso ejército con el cual recuperaron el trono. Cuando murió el padre, tomó el trono tras casarse con Ptolomeo XIII (su hermano de 12 años y su primer esposo…). Sin embargo, su esposo (y hermano, que no se te olvide) quería asesinarla para reinar Egipto él solo. Cleopatra huyó a Siria para salvar su pellejo.

Ya en Siria, decidió acudir a Julio César, simplemente, para que la ayudara a recuperar el trono. Para no ser reconocida, ella entró a su palacio envuelta en una alfombra y completamente desnuda. Por obvias razones, Julio César cayó rendido a sus pies. Tanto así, que inició una guerra en Egipto contra Pompeyo, por amor a Cleopatra, en la que puso en peligro al Imperio Romano y donde Ptolomeo XIII (el hermano y esposo de Cleopatra) murió ahogado en el Río Nilo.

Por supuesto, Cleopatra tenía el campo libre para instalarse en el trono. Pero adivina… Tuvo que casarse de nuevo y con otro de sus hermanos, Ptolomeo XIV (¡un pequeño que tan solo tenía 10 años!).

Mientras tanto, Cleopatra y Julio César eran amantes y hasta tuvieron un hijo: Cesarión. Ella vivía, de hecho, en Roma. El pequeño faraón (ya sabes, su segundo esposo y hermanito a la vez) era el que se estaba encargando de Egipto. Aun así, el pueblo romano despreciaba a Cleopatra, por varias razones, una de ellas por ser extranjera. En fin, Julio César murió asesinado y Cleopatra no tuvo más opción que irse a Egipto con su hijo.

Ella temía que su hermanito-esposo quisiera tener más poder, así que lo envenenó… Te juro, esta historia supera cualquier novela mexicana.

Una vez en el trono, y con su hijo como su corregente, Cleopatra tuvo en sus manos todo el poder y las riquezas de Egipto.

Comienza la historia de amor de Cleopatra y Marco Antonio

Todo este rollo es de pura familia. Como te mencioné más arriba, Marco Antonio era sobrino de Julio César. Pero Julio César también tenía un hijo adoptado por ahí: Octavio Augusto. Ambos, tanto Marco Antonio como Octavio, se repartieron el Imperio. Todo bien por ahí.

Marco Antonio tenía planeada una expedición hacia el oriente contra el reino de los partos (famosos por montar caballos y disparar flechas al mismo tiempo). Sin embargo, no tenía dinero, debido a una reciente guerra civil que lo había dejado sin fondos. Entonces se acordó de una conocida, Cleopatra, reina de Egipto y con mucho dinero. Por eso, la invitó a Tarso para hacer negocios.

Cleopatra conquista a Marco Antonio

Como toda reina digna de respeto, Cleopatra hizo una espectacular entrada triunfal en el lugar donde estaba Marco Antonio. El historiador Plutarco narra esta escena de la siguiente manera:

“…llegó navegando por el Río Cydnus en una barcaza con la popa bañada en oro y las velas de púrpura desplegadas, mientras que remos de plata golpeaban al ritmo de la música de flautas y flautines y arpas. Ella iba recostada bajo un toldo de tela de oro, vestida como Venus en una pintura, y con bellos niños pintados como Cupidos, abanicándole. Sus doncellas iban vestidas como ninfas marinas y Gracias, algunas guiando el timón, otras trabajando las cuerdas”.

¡Había que impresionar! Que no te quepa la menor duda de que Cleopatra era la reina y señora de la seducción. Es más, ella la inventó.

Por supuesto, Marco Antonio cayó babeado por Cleopatra. No solo por su belleza, sino por su inteligencia, audacia y simpatía. Además, ¡Marco Antonio estaba casado! Sí, con Fulvia, una de las mujeres más poderosas de Roma (la primera mujer no mitológica en aparecer en monedas romanas). Pero no le importó y se fue con Cleopatra a Alejandría, a vivir su amor y pasión a flor de piel.

Guerra en Roma

Marco Antonio estaba fuera de sí, enamorado, distraído, loco de lujuria por Cleopatra. Pero esa escapada que se dio con ella, le costaría muy caro. A partir de aquí todo le empezó a ir mal.

Fulvia no estaba contenta con el trabajo que Octavio, el socio de su esposo, estaba haciendo al repartir tierras y llevándose todo el crédito, sin informar que esa repartición también se hacía gracias a Marco Antonio. Como Fulvia tenía influencia en el Senado, se opuso a todas las políticas de Octavio. Por su parte, Octavio decidió divorciarse de la hija de Fulvia, Clodia Pulcher, y los roces pasaron a la violencia. Fulvia y su cuñado Lucio Antonio reunieron un ejército y entraron a Roma para hacerse con el poder. Por supuesto, Octavio también hizo lo mismo.

Mientras unos se mataban, otros se amaban. Marco Antonio estaba de lo lindo disfrutando el placer al lado de Cleopatra. Pero se enteró de lo que estaba sucediendo y regresó a Roma. Le reclamó a su mujer el atrevimiento al meterse con Octavio. Pero ya no podía hacer nada. Durante el conflicto, Fulvia murió. Por lo tanto, Marco Antonio y Octavio hicieron las paces. La reconciliación fue tan grande, que Marco Antonio hasta se casó con Octavia, la hermana de Octavio.

Dos meses después, en Egipto, Cleopatra dio a luz a gemelos, un niño y una niña. Ambos hijos de Marco Antonio, por supuesto… Pero los amantes no se vieron sino después de 4 años.

Marco Antonio abandonó a Octavia y a las dos hijas que tuvo con ella, para irse con Cleopatra y casarse con su gran amor. Con Cleopatra, aparte de los gemelos, tuvo otro hijo. Los tres serían víctimas del tormentoso amor de sus padres.

La venganza de Octavio

Sobra decir que Marco Antonio olvidó a sus enemigos y las necesidades del Imperio Romano. Plutarco cuenta que Marco Antonio “no estaba en posesión de sus facultades, parecía estar bajo los efectos de una droga o brujería. Estaba siempre pensando en ella, en vez de pensar en vencer a sus enemigos».

Esto molestó a Octavio, y su enfado aumentó cuando se enteró que Marco Antonio había abandonado a su hermana. Mientras Marco Antonio andaba de parranda, Octavio acaparó más poder.

La gota que derramó el vaso fue el hecho de que Marco Antonio declarara a Cesarión (el hijo de Cleopatra con Julio César) como heredero legítimo de Julio César. ¿Recuerdan que Octavio era su hijo adoptado? Pues bien, todos estos conflictos familiares y políticos se acumularon, dando paso a su venganza.

El ejército de Marco Antonio se enfrentó al ejército de Octavio en la batalla de Actium. Octavio resultó victorioso. Marco Antonio y Cleopatra huyeron a Alejandría. Luego de un año, Octavio los persiguió para acabar con el romance que tantos conflictos había causado.

Finalmente, Octavio capturó a Marco Antonio y le hizo creer que Cleopatra había muerto. Por eso, Marco Antonio se suicida clavando su propia espada en el vientre.

El trágico final de la historia de amor de Cleopatra y Marco Antonio

Octavio quería llevarse a Cleopatra como trofeo de guerra. Pero ella, al enterarse de la muerte de Marco Antonio, se sumió en la depresión y se suicidó haciéndose morder por una cobra. Pero Octavio quería llevarse algo, así que raptó a los tres hijos de Marco Antonio y Cleopatra, y se los llevó a Octavia, la viuda oficial de Marco Antonio.

Por cierto, Octavio mandó asesinar a Cesarión para ser el único heredero de Julio César y convertirse en emperador. Con Octavio nacía el Imperio Romano, moría la antigua Roma y el antiguo Egipto. Nacía un nuevo mundo.

La historia del mundo no es otra por culpa de la nariz de Cleopatra…

Antes de suicidarse, Cleopatra intentó seducir a Octavio (¡Ja!)… Pero, claro, este hombre era muy superficial y no caía en ese tipo de juegos. De hecho, a él no le gustaba la nariz de ella y por eso la rechazó. Hay una frase muy famosa que dice: “Si la nariz de Cleopatra hubiese sido más corta, la historia del mundo habría cambiado”

Asimismo, si hubiesen derrotado a Octavio, la historia de Roma y del mundo habría sido muy diferente, puesto que el poder, en vez de Roma, sería de Alejandría, y el verdadero Imperio se hubiese llamado Egipto. Pero no fue así.

Por cierto, esta historia sirvió de inspiración a Shakespeare para escribir Romeo y Julieta, ¿lo sabías?

Nuestros productos recomendados

Leyenda sioux. El amor, el individuo y la pareja

Unidos sin ataduras: La famosa leyenda sioux sobre las relaciones de pareja

“El amor, el individuo y la pareja” es uno de los relatos que forman parte del libro Cuentos y leyendas de los indios sioux, escrito por Zitkala-Ša, la primera india sioux educada en occidente. Esta leyenda sioux explica que el éxito de una pareja está en permanecer unidos sin ataduras, de manera que ambos puedan crecer el uno con el otro, sin perder su individualidad.

Los indios sioux son una tribu de indios americanos que habitan en Estados Unidos y en algunos territorios ubicados al sur de Canadá. La sabiduría de su cultura se ve reflejada en muchas de las historias narradas por Zitkala. El relato más conocido es el que nombré al principio, dedicado a las relaciones de pareja, el cual te compartiré en este post.

El secreto de una relación exitosa: Unidos sin ataduras

El amor, el individuo y la pareja. La famosa leyenda sioux

“Cuenta una vieja leyenda de los indios sioux que, una vez, hasta la tienda del viejo brujo de la tribu llegaron, tomados de la mano, Toro Bravo, el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros, y Nube Alta, la hija del cacique y una de las más hermosas mujeres de la tribu.

– Nos amamos -empezó el joven.

– Y nos vamos a casar -dijo ella.

– Y nos queremos tanto que tenemos miedo.

– Queremos un hechizo, un conjuro, un talismán.

– Algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos.

– Que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta encontrar a Manitú el día de la muerte.

– Por favor -repitieron-, ¿hay algo que podamos hacer?

 

El viejo los miró y se emocionó de verlos tan jóvenes, tan enamorados, tan anhelantes esperando su palabra.

 

– Hay algo… -dijo el viejo después de una larga pausa-. Pero no sé… es una tarea muy difícil y sacrificada.

– No importa -dijeron los dos.

– Lo que sea -ratificó Toro Bravo.

– Bien -dijo el brujo-, Nube Alta, ¿ves el monte al norte de nuestra aldea? deberás escalarlo sola y sin más armas que una red y tus manos, y deberás cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte. Si lo atrapas, deberás traerlo aquí con vida el tercer día después de la luna llena. ¿Comprendiste?

La joven asintió en silencio.

– Y tú, Toro Bravo -siguió el brujo-, deberás escalar la montaña del trueno y cuando llegues a la cima, encontrar la más brava de todas las águilas y solamente con tus manos y una red deberás atraparla sin heridas y traerla ante mí, viva, el mismo día en que vendrá Nube Alta… salgan ahora.

Los jóvenes se miraron con ternura y después de una fugaz sonrisa salieron a cumplir la misión encomendada, ella hacia el norte, él hacia el sur… El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con sendas bolsas de tela que contenían las aves solicitadas. El viejo les pidió que con mucho cuidado las sacaran de las bolsas. Los jóvenes lo hicieron y expusieron ante la aprobación del viejo los pájaros cazados. Eran verdaderamente hermosos ejemplares, sin duda lo mejor de su estirpe.

– ¿Volaban alto? -preguntó el brujo.

– Sí, sin dudas. Como lo pediste… ¿y ahora? -preguntó el joven- ¿Lo mataremos y beberemos el honor de su sangre?

– No -dijo el viejo.

– Los cocinaremos y comeremos el valor en su carne -propuso la joven.

– No -repitió el viejo-. Hagan lo que les digo. Tomen las aves y atenlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero… Cuando las hayan anudado, suéltenlas y que vuelen libres.

El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y soltaron los pájaros.

El águila y el halcón intentaron levantar vuelo pero sólo consiguieron revolcarse en el piso. Unos minutos después, irritadas por la incapacidad, las aves arremetieron a picotazos entre sí hasta lastimarse.

– Este es el conjuro. Jamás olviden lo que han visto. Son ustedes como un águila y un halcón; si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose, sino que además, tarde o temprano, empezarán a lastimarse uno al otro. Si quieren que el amor entre ustedes perdure, “vuelen juntos pero jamás atados”.

Fuente: cantardebardo.wordpress.com

La importancia del espacio personal

Muchas veces olvidamos que una pareja está formada por dos individuos completamente diferentes. Es decir, cada uno a su manera tiene sus respectivos gustos. Por obvias razones, comparten algunos puntos de vista acerca del mundo y por eso están juntos. Lo importante es no alterar la personalidad del otro, pues no está en tus manos cambiar a esa persona. No puedes amoldarla de acuerdo con tus intereses, porque eso sería egoísmo.

A la vez, ninguno de los dos puede renunciar a su propio ser, no pueden ser esclavos el uno del otro porque eso no es amor. Lo que lograrán al encadenarse, será frustrar sus objetivos y metas. He ahí la enseñanza que nos muestra esta leyenda, pues algunas parejas están empeñadas en invadir el espacio del otro y la relación puede llegar a ser tóxica si no se establecen límites.

Hay mujeres que se olvidan a sí mismas y viven para complacer los deseos de sus novios o cónyuges, dejando su propio ser en un espacio reducido y enterrado en el olvido. Renuncian a sus sueños para hacer realidad los del otro. Lo mismo ocurre con algunos hombres. Una relación emocionalmente saludable sabe que las ataduras no llevan a nada bueno. Por eso es aconsejable que ambos miembros de la pareja se dediquen a realizar actividades por su cuenta, hobbies que tengan cada uno, de esta manera ninguno se eclipsará en los deseos del otro.

Nunca olvides que para alcanzar la verdadera felicidad al lado de tu pareja, ambos deben estar unidos sin ataduras.

Nuestros productos recomendados

El mito de Psique y Eros

El mito de Psique y Eros: una historia de amor acerca de la confianza

El mito de Psique y Eros es una historia acerca de la importancia de la confianza en una relación. Antes de adentrarnos en ella, recordemos que Eros es el dios griego del amor y su equivalente romano era Cupido. El origen de este dios tiene muchas versiones contradictorias. Según algunas leyendas, Eros fue otro de los hijos de Afrodita. Sin embargo, Hesíodo cuenta que Eros era una fuerza primordial en la creación, que estaba presente antes de los titanes y los dioses del Olimpo.

Siguiendo la versión de Hesíodo, Eros -dios alado del amor- era el cuarto dios en existir junto con Caos, Gea y Tártaro. Al mismo tiempo, en la Teogonía de Hesíodo, Eros nació con Afrodita y fue él quien la acompañó cuando ésta surgió del mar.

Por otro lado, el filósofo Aristófanes describe el nacimiento de Eros de la siguiente manera:

“En el principio sólo existían el Caos y la Noche, el negro Erebo y el profundo Tártaro; la tierra, el Aire y el Cielo no habían nacido todavía; al fin, la Noche de negras alas puso en el seno infinito del Erebo un huevo sin germen, del cual, tras el proceso de largos siglos, nació el apetecido Amor con alas de oro resplandeciente, y rápido como el torbellino. El Amor, uniéndose en los abismos del Tártaro al Caos alado y tenebroso, engendró nuestra raza, la primera que nació a la luz”.

Los griegos representaban habitualmente a Eros como un joven viril. Con el tiempo fue reducido hasta ser representado hoy día como un bebé en pañales con un arco y un carcaj con flechas, conocido como Cupido.

Hijo o no de Afrodita, lo cierto es que Eros trabajaba junto a ella y ambos se ocupaban de los asuntos concernientes al amor y la pasión.

 

El mito de Psique y Eros

Eros se enamora de Psique

Hablar sobre el mito de Eros y Psique es referirnos al amor entre un dios y una mortal. Digamos que la relación era un tanto “imposible”. La historia cuenta la lucha por el amor y la carencia de confianza en su relación.

Psique tenía la desgracia de ser tan bella, que los hombres la llamaban “una segunda Afrodita”, la adoraban y le brindaban reverencia que debían ser para la diosa. Por tal motivo, Afrodita celosa se ofendió y tomó represalias contra ella.

Cuando Afrodita se enfadó con Psique, pidió a Eros que usara sus flechas doradas para hacer que Psique se enamorase del “más vil de los hombres”, el más feo, el más miserable. Eros accedió, pero accidentalmente se flechó él mismo y terminó enamorándose de la mortal.

Los padres de Psique consultan el oráculo

Mientras eso ocurría, Psique -a pesar de ser una mujer que gozaba de extrema belleza- seguía soltera y sus padres estaban preocupados. Ellos decidieron consultar el oráculo, el cual les dijo que su hija no estaba destinada a un amante mortal, sino a una criatura temible que vivía en la cima de una montaña. El propio Eros había preparado el oráculo para que dijera esa información. Psique se resignó a su destino y decidió subir la montaña. En ese momento, Céfiro -el viento del oeste- la bajó flotando hasta una cueva llena de joyas.

Psique se sorprendió por el detalle de los ornamentos dentro de lo que sería su “nido de amor”. Eros la visitaba todas las noches para hacer el amor apasionadamente. Sin embargo, ella nunca lo había visto. Por obvias razones, Eros quería mantener su identidad oculta. Lo único que él le pidió a su amada fue que nunca encendiera ninguna luz, pues no quería que supiese que era un dios y sus alas lo delatarían.

Psique traiciona la confianza de Eros

Las dos hermanas de Psique estaban celosas y le dijeron a su hermana que su amante era un monstruo y debía clavarle una daga antes de que la matara. Psique se dejó manipular por el miedo y la cizaña de sus hermanas, tanto que decidió asesinar a su amado. Así que al llegar a la cueva, encendió una lámpara de aceite y al instante se dio cuenta que su amado era Eros, el mismísimo dios del amor. Una gota de aceite cayó en el hombro del dios y éste se despertó. Psique dejó caer la daga, presa de la vergüenza por haber traicionado su confianza. Eros huyó diciendo: “¡El amor no puede vivir donde no hay confianza!”.

Psique contó lo sucedido a sus hermanas y ellas se regocijaron en secreto. Eran tan maliciosas que cada una visitó por separado la cueva en la montaña donde vivían Eros y Psique, esperando que el dios del amor las prefiriera a ellas. Sin embargo, Eros estaba muy desdichado y con el corazón roto, por lo que ambas murieron al caer a la base de la montaña.

Psique emprende la búsqueda para recuperar a su amante

Psique se da cuenta de que para poder recuperar a su amado debe someterse a una Afrodita enojada, pero no le importa y se presenta personalmente ante la diosa. Afrodita, consciente de su amargura hacia la mujer, le encomienda una serie de tareas difíciles e imposibles de realizar por una simple mortal.

La primera tarea consistía en seleccionar semillas. Afrodita condujo a Psique a una habitación llena de un montón de semillas mezcladas entre sí -trigo, cebada, amapola, mijo, lentejas, garbanzos y habas-. Psique debía clasificarlas antes del atardecer, cada una en su propio montón. La tarea parecía ciertamente imposible, pero una multitud de hormigas acuden en su ayuda agrupando cada clase de semilla, grano por grano, en su propio montón.

La segunda tarea se trataba de conseguir lana de oro. Afrodita ordenó a Psique que adquiriera algunas vedijas de lana de oro de los terribles carneros del sol, los cuales eran unos animales muy agresivos con cuernos enormes que matarían a la mujer en seco con solo acercárseles. Sin embargo, Psique volvió a salir airosa gracias a que unos juncos verdes le aconsejaron que esperara hasta la puesta de sol, cuando los carneros se dispersaran para descansar, así podría escoger mechones de lana de oro de las zarzas donde los carneros se habían restregado.

La tercera tarea consistía en llenar el frasco de cristal. Afrodita le entregó un pequeño frasco de cristal a Psique y le dijo que debía llenarlo con agua del río prohibido, el cual caía en cascada desde una manantial ubicado en la cima de la montaña más alta hasta la más profunda sima del mundo subterráneo. La tarea parece imposible, pero un águila la ayudó.

Para su cuarta y última tarea, Afrodita ordenó a Psique que descendiera al inframundo con una pequeña caja para que Perséfone la llenara con ungüento de la belleza. Psique consideró que el camino más corto para llegar al inframundo era muriéndose. Sin embargo, una torre clarividente la aconsejó con otro método para llegar al mundo subterráneo sin necesidad de morir. De esta manera, Psique superó todas las pruebas asignadas por Afrodita.

Sin embargo, cuando Psique abandonó el inframundo, decidió abrir la caja y tomar un poco del ungüento de la belleza para usarla en ella misma, porque consideraba que de esa manera Eros volvería junto a ella. Pero dentro de la caja se hallaba un “sueño estigio” que la sorprendió y la durmió sin posibilidad de despertarse.

Eros la amaba demasiado y la perdonó, voló hasta su cuerpo dormido y limpió el sueño de sus ojos, le suplicó a Afrodita que la hiciera inmortal y que le concediera el permiso de casarse con ella. La diosa cedió y le otorgó alas a Psique, haciéndola inmortal. Psique y Eros se casaron. Tuvieron un hijo llamado Hedoné (Voluptas, en la mitología romana), dios del placer.

De esta manera, Psique se convirtió en la deidad del alma humana, era representada como una diosa con alas de mariposa. De hecho, la palabra griega psique significa «alma, espíritu, aliento, vida o fuerza animadora”.

 

La importancia de la confianza en las relaciones

Como te habrás dado cuenta, el mito de Eros y Psique es perfecto para explicar la importancia de la confianza hacia la persona amada. Psique cayó en el error de dejarse llevar por los perniciosos consejos de sus envidiosas hermanas sin importarle el amor que sentía hacia su amante. Sin embargo, no hay que olvidar que hasta el mismo Eros no fue sincero con su mujer, pues le ocultó su identidad. Ambos, Eros y Psique, cometieron un grave error al no confiar el uno al otro.

Por más que haya amor entre ambas partes en una relación, la confianza es el más valioso pilar que le da soporte a ese sentimiento. Sin ella, el amor no puede vivir, tal como le dijo Eros a Psique luego de haberse enterado de su traición.

Sin embargo, Psique se arrepintió e hizo literalmente hasta lo imposible para recuperar el amor de Eros. Por su parte, el dios también la perdonó y ambos pudieron estar juntos. El arrepentimiento y el perdón son las dos cosas que permiten que una relación facturada vuelva a reconstruirse. Pero tanto el que se arrepiente como el que perdona deben hacerlo con el corazón y sin caer en el rencor.

 

Bibliografía:

Shinoda Bolen, J. (2010). Las diosas de cada mujer. Barcelona, Editorial Kairós.

Nuestros productos recomendados

Diosa del amor Afrodita

La diosa del amor y de la belleza: Afrodita

En el libro Las diosas de cada mujer, escrito por la psicóloga Jean Shinoda Bolen, se desarrolla una psicología femenina basada en la perspectiva jungiana, la cual explica que las mujeres están influidas por numerosas fuerzas internas, o arquetipos, que pueden ser personificadas por las diosas griegas. En este sentido, las diosas se clasifican en tres grupos: las vírgenes, que representan la independencia y autosuficiencia en las mujeres; las vulnerables, que están más orientadas hacia las relaciones de pareja; y las alquímicas, que son una mezcla de los otros dos grupos. Afrodita, la diosa del amor y de la belleza,  es una diosa alquímica, mantuvo su autonomía como diosa virgen y tuvo relaciones -muchas- como diosa vulnerable.

Afrodita (Venus romana) era la más bella e irresistible de las diosas. Tuvo muchas aventuras y numerosa descendencia de sus numerosas relaciones. Creaba amor y belleza, atracción erótica, sensualidad, sexualidad y nueva vida. Entablaba relaciones con decisión propia y nunca fue victimizada. Las mujeres guiadas por el arquetipo de Afrodita, persiguen intensamente las relaciones más que la permanencia, valoran el proceso creativo, están abiertas a cambiar y suelen ser promiscuas.

La relación entre la mitología griega y la psicología femenina ayuda a explicar las personalidades de muchas mujeres. Aprender acerca de Afrodita es aprender del amor y de las mujeres al mismo tiempo. Todas, en algún momento de nuestras vidas -o siempre- podríamos estar influenciadas por el arquetipo de esta diosa. Continúa leyendo y entérate más acerca de Afrodita, sus características y lo que ella implica en el tema del amor y la sexualidad.

Afrodita, diosa del amor. Mujer creativa y amante

Nacimiento

Existen dos historias muy diferentes acerca del origen de Afrodita. La primera versión es de Homero, y cuenta que Afrodita nació de manera convencional, hija de Zeus y Dione (la ninfa del mar).

La segunda versión y la más aceptada es la de Hesíodo, y cuenta que Afrodita nació como consecuencia de una acción brutal. Cronos tomó una hoz, cortó los genitales de su padre Urano, y los arrojó al mar. El semen y la sangre de Urano se mezclaron con la espuma del mar, de donde nació Afrodita, que emergió de esta concepción oceánica como una diosa adulta, con sus formas físicas maduras. Por lo tanto, no tuvo niñez.

De hecho, su propio nombre Afrodita, avala esta última versión de su nacimiento. El término griego aphrós, significa espuma, y esto consolida la creencia de que Afrodita nació del mar.

Relaciones y descendencia

Se dice que Afrodita desembarcó primero en la isla de Citeres o Chipre. Después, acompañada por Eros (Amor) e Himeros (Deseo), fue escoltada ante la asamblea de los dioses y recibida como una de ellos.

Muchos de los dioses, fascinados por su belleza, pidieron su mano en matrimonio. A diferencia de otras diosas que no habían escogido a sus amantes, Afrodita fue libre de escoger. Eligió a Hefestos, el dios cojo de los artesanos, del fuego y la forja. Pero Afrodita lo engañó frecuentemente manteniendo relaciones con otros.

Estuvo sentimentalmente unida a Ares, dios de la guerra, con el que mantuvo una larga relación y con el que tuvo una hija, Harmonía (Armonía), y dos hijos, Deimos (Terror) y Fobos (Miedo), que acompañaban a sus padres en las batallas. He ahí por qué el miedo y el terror son los sentimientos que más se viven durante las guerras.  Afrodita y Ares representan la unión de las dos pasiones más incontrolables: el amor y la guerra, que, en perfecto equilibrio, podían producir la Armonía.

También tuvo otro amante, Hermes, el mensajero de los dioses, el que guiaba a las almas al mundo subterráneo, dios de la comunicación, inventor de los instrumentos musicales y el embustero del Olimpo. Con él, Afrodita tuvo un hijo, Hermafrodito, que heredó la belleza de ambos padres, llevaba el nombre de ambos, y tenía las características sexuales de los dos. Hermafrodito es un dios bisexual, por lo tanto representa al bisexualismo.

Algunas leyendas dicen que Eros también es hijo de Afrodita. Sin embargo, si aceptamos la versión de Hesíodo, cuando Afrodita nació, Eros la acompañó hasta la asamblea de los dioses, así que partiendo de allí es poco probable que sea su hijo.

Afrodita también tuvo relaciones amorosas con hombres mortales. Cuando ella vio a Aquinses (un mortal con “cuerpo muy similar al de un dios”, según Homero) quedó fascinada. Se hizo pasar por una bella doncella, le sedujo y agitó la pasión de él con sus palabras. Cuando se quedó dormido, ella se despojó de su disfraz de mortal y lo despertó. Le reveló que iba a concebir al hijo de ambos, Eneas, y le advirtió que no le dijera a nadie que ella era la madre de su hijo. Aquinses no cumplió y se vanaglorió de su aventura con Afrodita, por lo que fue golpeado por un rayo que le dejó lisiado.

Otro amante mortal famoso fue Adonis, un joven apuesto y cazador. Afrodita le dijo que se alejara de los animales feroces, pero la tentación pudo más que él y murió despedazado por un oso. Tras su muerte, se permitió a Adonis volver a Afrodita desde el mundo subterráneo durante una parte del año. Su retorno anual a Afrodita simbolizaba la vuelta de la fertilidad.

Afrodita y los mortales

Afrodita ayudó a muchos hombres que le imploraban ayuda. Respondió a las oraciones de Hipómenes en la víspera de su carrera con Atalanta. Le dio tres manzanas de oro y le aconsejó cómo utilizarlas, lo cual salvó su vida y le ayudó a conseguir la esposa a la que amaba.

Afrodita también ayudó a Pigmalión. Él era un escultor que esculpió una estatua de marfil de la mujer ideal, y cuanto más la miraba, más se enamoraba de su propia creación. En un festival en honor a Afrodita, Pigmalión le rogó que le otorgase una esposa similar a su estatua. La respuesta de Afrodita a sus plegarias fue Galatea, con la cual se casó.

Las mujeres guiadas por el arquetipo de Afrodita

Ahora que conoces más de Afrodita, puedes darte una idea de que su arquetipo rige la belleza, la sexualidad y la sensualidad de las mujeres.

La amante

Cualquier mujer que se enamora de alguien que, a su vez, está enamorado de ella, es en ese momento una personificación del arquetipo de Afrodita. Se siente atractiva y sensual. Si alguna vez te has enamorado y tu amor es correspondido, entonces has experimentado a Afrodita.

Para las culturas patriarcales como la judeocristiana y la musulmana, ven a la mujer que encarna a Afrodita como una tentadora o una prostituta. Las mujeres tipo Afrodita pueden ser condenadas por la “moral” de la sociedad.

Enamorarse

Cuando dos personas se enamoran, cada una se siente arrastrada hacia la belleza del otro. Ambas se sienten bellas y especiales. Agudizan sus sentidos y oyen la música con más claridad, las fragancias suelen distinguirse mejor, se acrecienta el gusto y el tacto del amante.

Sin embargo, cuando una persona se enamora de alguien que no devuelve ese amor, se siente poseída por un cruel deseo y por anhelos frustrados. Una y otra vez se siente atraída hacia la persona amada y una y otra vez es rechazada. La intensidad -que es maravillosa cuando el amor es correspondido- en este caso, por el contrario, intensifica el dolor.

Instinto de procreación

Afrodita representa el impulso de asegurar la continuación de la especie, y puede convertir a una mujer en un recipiente de procreación si no practica el control de calidad. Afrodita tiene bebés a causa del deseo por un hombre, no porque realmente quiera ser madre. Ella susurra no utilizar ningún método anticonceptivo porque podría desvirtuar la pasión del momento. Por lo tanto, hacerle caso, aumenta el riesgo de un embarazo no deseado.

Todos esos embarazos de adolescentes son producto de muchachas que no controlaron su deseo y se dejaron llevar ciegamente por los impulsos de la Afrodita que llevan dentro.

Creatividad

Afrodita constituye una tremenda fuerza para el cambio. A través de ella fluye la atracción, la unión, la fertilización, la incubación y el nacimiento de una nueva vida, o de nuevas ideas. El trabajo creativo surge de una implicación intensa y apasionada: casi como con un amante, la artista interactúa con “lo otro” para crear el ser de algo nuevo.

La creatividad también es un proceso “sensual” para muchas personas; es una experiencia sensorial del momento que abarca el tacto, el sonido, las imágenes, el movimiento y, a veces, incluso el olfato y el gusto. Afrodita, como fuerza creativa, puede implicar a la mujer en un intenso esfuerzo creativo tras otro. Cuando finaliza un proyecto, surge otra posibilidad que le fascina.

Eres Afrodita cuando estás creando nuevas ideas, cuando trabajas en una imagen visual, como en la fotografía; cuando trabajas en una frase verbal, como en un texto, alguna novela, reportaje, crónica u otro artículo; cuando te mueves porque practicas danza. En todos esos procesos creativos, eres Afrodita.

No se trata de la apariencia sino del atractivo

No eres Afrodita por tu físico sino por tu “carisma”. Cuando Afrodita forma parte activa de una mujer “corriente”, ésta no atrae a los hombres desde el otro lado de un salón. Sin embargo, quienes se acercan la encuentran encantadora y cautivadora. Muchas mujeres con aspecto más bien ordinario con cualidades de Afrodita atraen a los demás con la calidez de sus personalidades y su sensualidad natural y espontánea.

Cuando otras mujeres físicamente más guapas notan esto, comienzan a preguntar “¿Qué tiene ella que no tenga yo?”, bueno, la respuesta es que ella tiene a Afrodita.

Hombres, víctimas del amor

Los hombres pueden convertirse en víctimas cuando una mujer Afrodita les quiere y les abandona. Ella se enamora muy fácilmente, cada vez sinceramente convencida de que ha encontrado al hombre perfecto. En el momento mágico, él puede sentirse como un dios enamorado de una diosa, hasta que es abandonado y reemplazado. Como consecuencia, ella deja tras de sí una serie de hombres heridos, rechazados, deprimidos o enfadados que se sienten utilizados y desechados.

Una mujer afrodita puede acabar con este patrón de comportamiento aprendiendo a amar a alguien con todas sus imperfecciones. Somos afroditas cuando idealizamos a nuestra pareja y luego nos decepcionamos por sus defectos.

Una mujer afrodita, debido a su manera cálida y atenta de relacionarse puede ser tergiversada por hombres que, erróneamente, presuponen que ella está especialmente interesada o atraída sexualmente por ellos. Cuando ella los rechaza, puede que la consideren como una rompecorazones o una mujer provocativa, y se lo reprochen.

Al mismo tiempo, una mujer afrodita puede llevarse tanto por sus impulsos que por eso termina escogiendo hombres poco adecuados para ella.

Afrodita y su relación con las otras mujeres

Una mujer Afrodita, cuanto menos consciente es o menos se responsabiliza del efecto que produce en los hombres, más puede ser un elemento perturbador. Por ejemplo, puede que vaya a una fiesta y entable conversaciones con carga erótica con los hombres más interesantes de la misma. De esta manera, estimula los celos, los sentimientos de inadecuación y el miedo a la pérdida en muchas mujeres que ven cómo sus hombres reaccionan ante ella cada vez más animados.

Cuando las mujeres se enfadan con la mujer Afrodita, ésta suele quedar sorprendida. Es raro que soporte la mala voluntad de las mujeres, y como no es posesiva ni celosa, suele tener dificultades en imaginar la causa de la hostilidad que produce.

Por otro lado, una mujer Afrodita lesbiana se diferencia de una heterosexual solo en su preferencia sexual. Queriendo experimentar “todo lo que la vida puede ofrecer” suele tener relaciones con hombres y mujeres.

Como te habrás dado cuenta, gracias a la mitología griega podemos aprender demasiado acerca de la vida. Y tú, ¿eres Afrodita? ¿Cuántas veces has experimentado las cualidades de esta diosa? Recuerda que donde hay amor y creatividad, ahí está Afrodita.

Fuente: Shinoda Bolen, J. (2010). Las diosas de cada mujer. Barcelona, Editorial Kairós.

 

Nuestros productos recomendados

Artículos relacionados:

Lo que hay detrás del mito de la media naranja