No tengo ganas

No tengo ganas de hacer el amor con mi pareja, ¿qué hago?

Uno de los aspectos más comunes en las parejas es la no coincidencia del deseo sexual entre ambos miembros, a veces es ella quien tiene la libido más baja y luego de un tiempo los papeles se invierten y pasa a ser él quien se muestra reacio a mantener relaciones. Claramente el “no tengo ganas” es un problema importante y complejo, que debe resolverse entre ambos y con prontitud, sobre todo si la falta de apetito sexual se hace constante.

Lo primero que deberíamos hacer es ubicar la causa por las cuales no sentimos deseo de intimar con nuestra pareja. Si bien no hay que hacer un drama porque a muchos les ocurre, conviene atacar el problema desde sus primeros síntomas para que la solución sea más sencilla. Entonces, justo cuando empezamos a notar que nuestro deseo ha disminuido, debemos analizar lo que ocurre: si tenemos la causa podremos hallar una mejor y más pronta solución.

Las causas del “no tengo ganas” pueden ser diversas: problemas personales, profesionales, de salud, duelos, traumas, todos inhiben el deseo porque nos bloquean e impiden que éste fluya.

Problemas con la pareja:

Los conflictos en la relación disminuyen el deseo sexual, es muy difícil que alguien quiera intimar con una persona con quien no se lleva bien y discute continuamente. El sexo requiere unión y estabilidad, con ellos ambos compañeros pueden relajarse y disfrutar de la maravillosa experiencia del amor. Si advertimos que nuestra baja libido es por problemas con la pareja, debemos apelar al diálogo, si los conflictos son muy profundos un especialista podrá ayudarnos a ver la realidad de manera más clara y encontrar una solución viable al “no tengo ganas”.

Monotonía:

La rutina puede reducir a su mínima expresión el apetito sexual. Si los encuentros no varían, son siempre iguales, en el mismo lugar e incluso hora no se genera ningún efecto sorpresa y en consecuencia al cerebro le cuesta activar el proceso de excitación. Si nuestro problema tiene que ver con el aburrimiento podemos incorporar la novedad y la imaginación para ayudarnos, probar distintas posturas sexuales, incorporar juegos eróticos, encontrarnos en lugares diferentes, complacer fantasías, liberarnos de los tabúes y abrirnos a nuevas experiencias. Establecer nuestro propio lenguaje de seducción y entregarnos al juego nos ayudará a disfrutar más y es muy probable que ese estado de plenitud nuestro deseo sexual recupere su vigor.

No tengo ganas

Niveles hormonales:

La baja testosterona y la alteración del estrógeno pueden generar en el hombre y la mujer, respectivamente, baja libido y falta de ganas. Por esta razón es tan importante mantenerse con buena salud física, alimentarse bien, hacer deportes, observar las reacciones de nuestro organismo si tomamos algún fármaco. En cualquier caso hay que ponerse en manos del médico.

Vacío:

Puede ocurrir también que veamos el sexo como una obligación y no como una actividad placentera. Bien sea por alteraciones emocionales o físicas, en estos casos de distorsión hay que consultar un especialista para que nos guíe de manera correcta. Nuestra visión de las relaciones sexuales determina la manera como estas se desarrollan.

Es importante hacer esfuerzos conscientes que estimulen la excitación, desde la forma en que nos vestimos, hasta la manera como nos acercamos a la pareja, nos comportamos frente a ella y reforzamos los estímulos sensoriales; todo esto cuenta porque los pequeños detalles ayudan mucho a disfrutar más del sexo.

Asimismo, es importante revisar los pactos que tenemos con nosotros mismos, el modo en que nos amamos nos acerca o aleja de la sensualidad, tan indispensable en las relaciones de pareja. La sensualidad nace en el pensamiento y se proyecta fuera de él a partir de lo que decimos y hacemos, así que más nos vale mantener alejados los complejos y abrirnos a la experiencia del goce.

La comunicación con la pareja también debe incluir el diálogo honesto, directo y elocuente. Hay que contarle al otro cómo nos sentimos y por qué, no para que se preocupe o sienta mal sino para poder buscar una solución entre ambos, cooperar y negociar lo que sea necesario.

Además de procurar el acercamiento físico a la pareja con besos, abrazos y caricias, hay que dedicarle tiempo al sexo. Es sumamente importante, en este y todos los casos, encontrarse con la pareja con toda la paciencia que el asunto merece. Aunque en un principio nos sintamos con poca energía es recomendable dejarse llevar con la mente en calma, suele ocurrir que los estímulos funcionan y se genere un encuentro lo suficientemente placentero como para hacernos sentir con mejor ánimo.

Finalmente, dos datos importantes: no sentir frustración porque si nos autocompadecemos terminaremos peor y no solucionaremos el problema, y tratar de animarnos rememorando con la pareja lo que nos entusiasmaba antes y lo bien que la pasábamos. Es muy probable que en un par de encuentros veamos el retorno de nuestro deseo sexual y digamos adiós al “no tengo ganas”.

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