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Ejercicios de terapia de parejas

Existen crisis, malos momentos y tropiezos en toda relación, más si llevan gran cantidad de tiempo juntos, es por eso que existen muchos psicólogos se dedican a dar terapia a aquellas parejas que desean recuperar el amor y la llama ente ellos, todo bajo el pensamiento de que un pequeño tropiezo no arruina una relación.

Estas terapias son un proceso terapéutico dirigido por una tercera persona que evalúa la personalidad de ambas partes y busca el mejor método para ayudar  a los individuos a resolver sus problemas y los que tienen como pareja. Es en terapia que los individuos pueden darse cuenta si sus diferencias son irreconciliables o no.

La terapia es una solución que cada vez toman más parejas y esta varía según la situación, pero mayormente los motivos que los lleva a la silla del psicólogo son la desconfianza, la falta de intimidad y deseo, y problemas de comunicación, por eso el plan de la terapia es atacar los problemas con los siguientes objetivos:

  • Mejorar la comunicación.

  • Reducir la tensión del exterior sobre las parejas.

  • Hablar de sentimientos.

  • Ser independientes.

  • Motivarlos a crear nuevos recuerdos.

  • Buscar momentos íntimos.

  • Demostrarse mutuamente cariño y amor.

El terapista tras una serie de ejercicios sin prejuicios, busca recuperar todo aquello que unió a la pareja en primer lugar, otorgándoles el poder de solucionar y resolver todos los conflictos que podrían tener también a futuro y dándole un porqué a los conflictos existentes.

La terapia y sus ejercicios funcionan solo cuando la pareja desea continuar con la relación, pero como en cualquier relación humana, existen altos y bajos, por lo que no resulta barato asistir a terapia después de cada discusión, para eso los terapistas dan una serie de ejercicios sencillos para hacer en casa, por si la llama se vuelve a apagar o la rutina vuelve a fastidiar a la pareja.

Estos son algunos ejercicios sencillos que ayudan a las parejas a salir de la rutina y no dejar de lado la pasión en la relación:

  • Sorprenderse al menos una vez por semana. De esta manera se toreará la rutina de una manera divertida, no debe ser algo grande, a veces pequeños detalles como bañarse juntos, hacerle una comida especial o dejarse notas cariñosas, estas sorpresas pueden ser planificadas para poder lidiar con el tiempo.
  • Hablar de lo que les interesa. Por un momento durante el día hablen de temas que les interesen como el arte, la música, anécdotas, sueños, la política, la ciudad, chismes, entre otros, aléjense de los problemas, las cuentas por pagar, los hijos y todo aquello que les cause estrés, de esta manera no se sentirán
  • Mirarse como si no se conocieran. Muchas veces el romance muere porque creemos que no hay nada que explorar, olvidamos que fuimos desconocidos alguna vez. El ejercicio consiste en hacer imaginación y pensar en tu pareja como un desconocido que te atraería en la calle.
  • Tengan una palabra o lenguaje secreto. Primero, pactar una palabra para cuando estén discutiendo, de manera que frenen la discusión en el momento en el que cualquiera de los dos la pronuncien para evitar un conflicto mayor, continuarán de manera calmada la discusión cuando ambos estén calmados. Por otro lado, tener un lenguaje secreto les hará hablar de cosas importantes o divertidas cuando haya más personas alrededor.
  • Hablen de sus sentimientos periódicamente. Ya que ninguno ha tomado un curso de lecturas de mentes, es importante que hablen de cómo se sienten en este momento de la relación con respecto a las labores de la casa, lo que hacen por el otro y sus roles en la casa. No asumas que sabes lo que piensa tu pareja, háblalo, y no des por hecho nada.
  • “Yo soy tú y tú eres yo”. Un ejercicio de empatía que les ayudará tanto a saber porque el otro se está comportando de esa manera, como tener una perspectiva de cómo nos ve nuestra pareja.
  • Hagan una lista de metas por mes. Tomen una hoja y coloquen de meta 10 o 5 cosas divertidas y excitantes que desean realizar durante ese mes, planifiquen su mes de esa manera para que su relación mantenga la emoción incluso dentro de la rutina.
  • Un abrazo y momento de ternura por día. A veces el amor se reafirma con algo tan sencillo como un abrazo o un beso en la mejilla, y al menos una vez al día busquen tener este tipo de gesto con el otro.

El director de la Unidad de Familia del centro psicológico Instituto Centta de Madrid, Eduardo Torres, aconseja ir a terapia una vez que exista un conflicto que la pareja no haya podido resolver de esa manera la ayuda profesional será para mediar el problema. Una vez que se haya superado el gran problema, en casa la pareja solo debe mantenerse trabajando constantemente en su relación.

Muchas personas se preguntan si estos ejercicios funcionan, y sí, porque al igual que la terapia, cualquier cosa que hagan dos personas como pareja por el bien de su relación será algo positivo. Las relaciones, al contrario de lo que las personas piensan, no sobreviven solo a base de amor, es un trabajo constante por mantener la llama, pero nada mejor que enamorar y enamorarse todos los días de la misma persona.

 

Vídeo sugerido:

niño de mamá

Estar enamorada de un niño de mamá, «es ella o yo»

Los niño de mamá están en todos lados, hombres de veinte y pico, treintones y hasta de cuarenta años que son en extremo consentidos y apegados a sus mamás, ellas les hacen la comida, cuidan, alimentan, miman y en muchos casos hasta son la palabra final en las decisiones importantes en su vida.

Hay que saber diferenciar que este hombre no es aquel que se preocupa por su mamá como cualquier hijo normal o simplemente siente un afecto sano, no, se trata de aquel hombre criado en cierta medida machista y disfuncional, dando así lugar para encontrar algunas causas psicológicas para este problema, como la extrema dependencia de la madre del afecto del hijo y como eso afecta la mente del mismo.

El complejo de Edipo, teoría psicológica del reconocido Sigmund Freud quizás es la que mejor describa esta conducta. El hombre crece en hogar con carencia de figura paterna o un padre maltratador con su madre, en su rechazo hacía esta situación, la madre lo cría de manera sumisa, obediente e incapaz de tomar decisiones por sí mismo; también representa deseos amorosos y hostiles por parte del niño a los padres sin este ser consciente de esto, en casos extremos, puede derivar en relaciones amorosas incestuosas.

Bajo la teoría de Freud, encontramos a una madre que ha sido maltratada por su padre o esposo, que no recibe apoyo ni cariño por parte de su pareja por lo que arroja una cantidad excesiva de estímulos sobre su hijo, convirtiéndolo en un remplazo emocional para una pareja, haciéndolo el centro de su vida y chantajeándolo constantemente emocionalmente con comentarios como “Moriré sola”, “Nadie cuida de mi”, “Desde que ves a ____, ya no piensas en mi; por otro lado, tenemos al joven que crece con una rabia y/o reproche hacía la conducta de su padre, por lo que decide volverse el hombre de su madre, incapaz de construir una relación solida con otra mujer.

“Las conductas dependientes pueden generar problemas en todas las relaciones. La comunicación y la cercanía con la madre, en este caso, no es el problema, lo que nos deja saber que algo es inadecuado y disfuncional es cuando se observa que no se toman decisiones independientes”, indica la psicóloga y profesora de la Universidad Interamericana, Vivian Rodríguez del Toro. Con esto podemos observar, hombres que no se pueden desarrollar en el ámbito profesional, ni entablar relaciones sin la aprobación de su madre y nunca alejándose demasiado, necesitándolas aún estando casados.

Tenemos así un hijo que quizás tenga pareja, pero que en lugar de preocuparse por otra mujer para que te pongan los cuernos, tendrás de contrincante por su atención a tu mismísima suegra, quién representa el centro del mundo para tu nuevo amor.

Aquí tienes algunos tips para reconocer a un niño de mamá

  1. Necesita la aprobación de mamá para todo. Antes de cualquier decisión o evento, llama o va a casa de su madre para pedir su opinión y aprobación; además de ser la primera a la que le comunica cualquier acontecimiento en su vida, un claro signo de dependencia.
  2. Su mudo gira en torno a ella. En todas sus conversaciones menciona “mi mamá dice…”, o te compara constantemente con las cosas que hace su madre, como lo hace, todo será superado por la manera en la que lo hace su mamá, lo que demuestra su mamitis, y te disminuye a ti como persona.
  3. Es el tipo de persona que desea seguir comportándose como un niño, negándose a crecer por lo que necesita a su mamá cerca para que cuide de él, le resuelva la vida, en muchas ocasiones hasta mantenerlo, de ahí que haya hombres pasados los 30 que aún vivan con su madre, esperando una mujer que solo se convierta en un remplazo de ella.
  4. Es una persona pasiva. Esto se ve reflejado en su total incapacidad de tomar decisiones importantes en su vida, buscará una pareja que asuma este rol en su vida, que tome sus decisiones y así no tendrá que tomarlas ni enfrentarse a esa clase de estrés.
  5. Falta de compromiso. Tu hombre es totalmente incapaz de comprometerse en su relación, cancelando constantemente planes importantes para ustedes porque es incapaz de decirle que no a su madre con referencia a algo, también es importante destacar es que estos compromisos son primeros que los que haga contigo.

Ahora, estamos en una situación en donde el hombre está en el medio de una batalla, que es su culpa por su puesto y de su madre, pero de la que por la manera en la que fue criado no sabe cómo salir; la madre no quiere “perder a su hijo” y la pareja no quiere no desea obviamente, ser plato de segunda mesa.

Ante la constante intromisión de la madre en la relación, es obvio que existan conflictos en la pareja que afecten sus vidas juntos y su intimidad, ahora la pregunta será, ¿Qué debes hacer? Y aunque parezca complejo de manejar es algo posible, y no estamos hablando de poner a tu pareja a elegir entre su madre y tú, hablamos de otras posibles soluciones.

  • Habla con tu novio o pareja acerca de cómo te sientes y de cómo esta relación afecta su vida en pareja, es muy importante que él esté al tanto del modo en él que hace sentir. En esta conversación quizás descubran juntos el origen de este comportamiento, y puedan ayudarse a mejorar su relación; incluso puede ser buena idea conversarlo con tu suegra si existe la confianza, lo importante es que en pareja él te dé prioridad, estabilidad y seguridad.
  • Acudir a terapia de pareja, nunca está demás tener la opinión de un experto acerca de tema y este le hará ver a tu pareja el origen de su problema, mostrándole ciertas situaciones de su infancia que influyeron a lo que es él hoy; por otro lado, los hará reconectarse como pareja y salir adelante.
  • Dejarlo, suena crudo, pero si la situación comienza a ser enfermiza e incluso te hace sentir mal en muchos niveles, lo mejor es alejarse de personas que tienen problemas psicológicos y que no permiten que alguien los ayude.

Para salir de esta situación debes dejar de lado la rabia y ser honesta contigo misma, con tu pareja y tu suegra; colocar límites en los que la relación entre los tres funcione sin que nadie se sienta agredido o menospreciado; no es imposible hacer que estas relaciones funciones, solo requerirá de su esfuerzo.

Espiar el teléfono de mi pareja ¿Es correcto?

Todos en algún momento hemos caído en la tentación de espiar el teléfono celular de nuestra pareja temiendo al terrible “el que busca, encuentra”, incluso es normal entre muchas parejas que comparten sus contraseñas o tienen conocimiento de que el otro revisa su móvil, se considera una prueba de confianza en muchas relaciones.

Julia González González, psicóloga, expresa al respecto “De la mano de la desconfianza vienen las inseguridades. Muchas veces las propias inseguridades llevan a las personas a desconfiar de sus parejas sin ninguna razón aparente.” Por lo que no es necesario ver a nuestra pareja riendo con la pantalla para determinar que nos es infiel.

Imagina mensajes como “Que bien estuvo verte”; “te ves muy bien”; “me encantaría repetir lo del otro día”, “me gustas” y comentarios en redes sociales, las cuales aumentan la desconfianza entre parejas, pueden prestarse para malas interpretaciones y poner en situaciones comprometedoras al otro, si a esto le sumamos una mala comunicación, tenemos una discusión o un posible problema en la puerta; hasta la excusa de “solo lo haré esta vez”, incurrirá en una segunda, tercera y hasta quinta vez, convirtiendo el revisar el teléfono en un vicio.

Causas para espiar el teléfono de tu pareja

Revisar el teléfono celular de tu pareja, bajo ningún concepto es una buena costumbre, es importante mantener límites y una comunicación dentro de la relación. Si analizamos la raíz del problema, el que una persona sienta la necesidad de revisar el teléfono celular de su pareja indica que hay desconfianza, esto puede ser por varias causas, pero la principal es la desconfianza, otro motivo puede ser el querer controlar al otro, un impulso que es comprensible, pero que no justifica la acción. Sus causas más comunes son:

  • Desconfianza en los demás.

  • Necesidad de atención.

  • Inseguridad en ti mismo (a).

  • Dependencia a tu pareja.

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Si existen sospechas de infidelidad, es mejor enfrentar a tu novio o novia, no irrespetando el espacio ni la privacidad del otro, el primer indicio de una relación maltratada, ya que cuando una relación es sincera, y existe la comunicación, no hay necesidad de espiar; si ya hubo infidelidad por parte de tu pareja y no han podido superar ese momento, es necesario buscar ayuda y pasar la página.

No se está hablando de confianza ciega, siempre existe la posibilidad de que nuestra pareja caiga en la tentación y cometa errores, somos seres humanos, debes de saber que así mantengamos vigilada a nuestra pareja 24/7, para cometer una infidelidad no hace falta un intercambio de mensajes ni dejar registros, así que el hacerlo tampoco evitaría este amargo trago; por otro lado, suponiendo que encontramos evidencia, nuestra pareja en medio de la discusión puede también reclamar la violación de su privacidad.

Para evitar esta conducta, es preferible trabajar en una comunicación abierta y sincera, si a pesar de esto, se sigue teniendo desconfianza en la pareja, entonces se debe revaluar la relación y buscar ayuda, el problema puede ser de ambos, o solo de quién está cometiendo la falta.

No dejes que tu imaginación y los celos destruyan tu relación, simplemente date cuenta cuando tus celos tienen fundamentos y cuando son innecesarios, habla con tu pareja, tampoco es saludable que ambos se revisen el teléfono celular como acuerdo, la confianza no es algo que se deba obtener cediendo tu derecho  la privacidad.

El revisar un teléfono celular, es invasión de la privacidad desde todo punto de vista, y no permite vivir en plenitud la belleza de la relación, la cual debe tener como base el amor, el respeto, la confianza y la sinceridad, si tenemos todo esto en una relación, no se garantiza que no habrá problemas, pero sí que ambos trabajando por su relación podrán ser felices.

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Recuperar el amor

Claves para recuperar el amor de la pareja

Al terminar una relación algunas personas sienten ganas de regresar con la ex pareja, la atracción sigue estando presente y los buenos recuerdos alimentan el deseo de reiniciar la relación. En realidad el que dos personas no hayan logrado comprenderse en el pasado no las condena a vivir separadas, tampoco es 100 % cierto aquello de que no hay segundas partes buenas. Se trata de una decisión compleja que debe meditarse con racionalidad para no correr el riesgo de equivocarse por segunda, tercera y hasta cuarta vez.

Lo primero que debe analizarse es si realmente merece la pena retomar la relación, para ello hay que atender los factores que originaron la ruptura, las posibilidades de volver a estar juntos y el modo como esos factores podrían presentarse de nuevo entre ambos. Lo siguiente es advertir si las ganas de regresar son por amor o producto del miedo a estar solo, el exceso de costumbre e incluso la flojera de comenzar desde cero con alguien más. Por último, conviene no tomar la decisión desde el dolor o la rabia, pues ambas emociones enturbian la claridad del panorama y pueden llevarte a tomar el peor camino.

Si luego del análisis previo has decidido recuperar la relación, apuntamos algunas claves que pueden ayudarte a alcanzar tu objetivo:

Soltar

Detener la lucha es un paso fundamental, no recriminar ni culpar al otro por el fin de la relación es una muestra madurez emocional. Hay que asumir las responsabilidades personales porque una pareja está compuesta por dos personas igualmente responsables. Si el otro decide irse no tiene sentido resistirse, hay que soltar aquello que no puedes manejar, aferrarte solo trae ansiedad, dependencia e incluso acoso al compañero de vida. A veces sucede que al dejar ir, ambos logran poner en orden sus necesidades y errores, y si de verdad se aman es muy probable que se busquen para volver.

Contacto

En un principio lo más conveniente es dejar de verse para evitar engancharse y convertir el dolor en sufrimiento. Se debe cortar la comunicación, cero llamadas, mensajes ni revisión de redes sociales por lo menos hasta que la explosión de sentimientos recupere su nivel. Otro tipo de contacto que debe evitarse es la planificación de salida a sitios donde se sabe que la ex pareja estará. Debes darle espacio al otro y también a ti mismo para tomar decisiones con la mente reposada. Si el sentimiento es sólido, la distancia solo será momentánea.

Autoanálisis

Antes estar con esa persona o alguien más lo más importante es enfocarte en ti mismo, corregir los errores que como pareja han cometido, los patrones de comportamiento errados y mejorarlos para que no vuelvan a manifestarse en la futura relación. Cambiar es una constante, el asunto está en hacerlo para beneficio personal y del entorno. Ajustar el enfoque de vida en pareja, lo mejor que puedes ofrecer al otro y las nuevas necesidades son pasos indispensables para comenzar desde cero.

Perdón

En algunas ocasiones las heridas procuradas entre ambos son muy profundas y traen consigo la separación, si la pretensión es rehacer la vida amorosa hay que hacer el trabajo del perdón para liberarse de rencores y sentimientos que solo traen malestar. Limpiar las emociones y recordar el pasado sin dolor son las únicas acciones que permitirán abrir nuevamente el corazón.

Recuperar el amor

Acercamiento

Antes de decidir volver con la pareja hay que tantear si esa persona tiene la misma intención, si está emocionalmente disponible y aún te ama. Este acercamiento es tan importante como aquel que procede a la constatación de que el otro está dispuesto, pues en ambos se debe prestar mucha atención al compañero, otorgarle prioridad, conocer sus necesidades y darle a una mano para transitar el nuevo camino.

Sentimiento

Expresar directa y honestamente los sentimientos resulta muy importante para mantener la salud emocional. Hay que recordar que las emociones guardadas se pudren, por lo que conviene manifestarlas sin que esto implique asediar al otro. Contarle lo que sientes, pedir y aceptar disculpas o, por qué no, volver a ilusionarse a través de la palabra puede hacer que la amistad renazca y con ella decidan darle una nueva oportunidad al amor.

Compartir

Dedicar tiempo a estar juntos nuevamente también puede fortalecer el lazo, redescubrirse luego de la etapa de distanciamiento y reflexión. Compartir comidas, pasatiempos, paseos aumenta la energía entre ambos.

Actitud

Mantener una actitud positiva y la mente ocupada son los mejores antídotos para la tristeza que produce toda ruptura. Hay que ocuparse de las emociones y no hay nada que ayude más que pasar tiempo con los amigos, conocer lugares nuevos o practicar una actividad que te apasione. Cuando haces todo esto cultivas tu individualidad y seguridad. No hay nada más atractivo que una persona independiente, de hecho suele pasar que luego de la separación uno de los miembros de la pareja puede sentirse nuevamente atraído por aquel que fortalece su independencia.

Recuperar el amor

Adivinanza

Intentar adivinar lo que el otro piensa o siente es un desgaste innecesario, resulta mucho mejor conversar directamente si es que quieres saberlo. Claro que también es conveniente apelar a lo evidente, aquellas señales del otro que te permitirán advertir si ya te ha olvidado o aún te tiene presente.

Mediadores

Acudir a un amigo familiar para que sirva de mediador entre tú y tu ex pareja es una mala decisión. Al igual que en el punto anterior, si ya eres adulto averiguas de manera directa y por ti mismo aquello que te interesa saber.

Paciencia

No perder la calma en este proceso es esencial para no desesperarse y tomar decisiones impulsivas. No es muy recomendable prestar demasiada atención al entorno porque a veces presiona con ideas preestablecidas que no necesariamente se adaptan a tu realidad. Cada quien tiene vivencias y tiempos distintos y hay que hacerlos respetar sin necesidad de rendir cuentas a medio mundo.

Terapia

Lastimosamente es el último recurso de las parejas, a veces incluso asisten cuando ya es demasiado tarde y cada uno tiene rumbos tan distintos que se hace imposible para el terapeuta ayudar a encontrar soluciones. Visitar al especialista es una sabia decisión, requiere mucha humildad reconocer que el problema se ha ido de las manos, y hacerlo puede traer consigo múltiples beneficios como recuperar el amor con trabajo consciente.

Redefinición

Finamente, si ya han logrado unirse nuevamente, se debe definir muy bien la relación, establecer normas, parámetros, incluso rutinas que quisieran compartir para fortalecerse como pareja y convertirse en una mejor versión.

Tipos de Infidelidad

Tipos de infidelidad y cómo afrontarla

Las relaciones humanas –ya sea entre familiares, amistades, parejas y socios– son complejas. La sola convivencia entre personas significa compartir acuerdos y desacuerdos, un constante negocio entre las partes implicadas donde el pilar fundamental es la comunicación y el respeto para mantener el nexo. Una vez que se pierde eso, la confianza se desvanece y la relación no vuelve a ser la misma. Cuando hablamos de parejas, existen dualidades comunes: amor y desamor, pasión y rutina. Dos personas que deciden unirse, sea un noviazgo o un matrimonio, hacen un contrato tácito en cual se supone que deben ser fieles, es decir, no mantener relación emocional o sexual con otra persona que no sea su pareja. De lo contrario, estaríamos en presencia de una traición: la mayor felonía que puede darse en una relación. Es necesario saber que hay varios tipos de infidelidad, pues no solamente se trata de tener sexo con alguien más.

Alguna vez nos han roto el corazón y, si no lo han hecho, tarde o temprano sucederá. La infidelidad es una de las formas de hacer añicos los sentimientos, las emociones y la autoestima de otra persona. Pero, como siempre digo, es una de las mejores cosas que pueden ocurrirte porque sin duda alguna hace que crezcas espiritualmente y comiences a ver tu entorno con otros ojos. A veces una sacudida al corazón hace bien, es algo así como una experiencia fructífera. Dolorosa, sí, pero fructífera.

Lo bueno es que el tiempo lo cura todo y es seguro que vas a salir del hoyo una vez que te hayas dado tiempo de sanar la herida.

¿Qué es la infidelidad?

Para definir la infidelidad, es necesario comenzar hablando de su opuesto: la fidelidad.

Pues bien, la fidelidad no es una condición natural de la especie humana, realmente se trata de un constructo socio-cultural. Es más, se debe a una cuestión de voluntad, a una decisión, a un propósito. La persona escoge ser fiel. Partiendo de que el ser humano es un animal dotado de raciocinio, lo que nos diferencia de otras especies es nuestro poder de elección. ¿Acaso has visto a un perro serle fiel a una sola hembra? Pues no, ellos no pueden elegir.

La monogamia es producto de la cultura y de la religión, realmente el ser humano no es fiel por naturaleza. Eso lo podemos comprobar al observar otras dinámicas culturales donde la poligamia es completamente normal, las relaciones abiertas son algo común y hasta la aparición de los “swingers” está rompiendo con los cánones de las relaciones amorosas.

De hecho, la fidelidad, el jurar amor eterno a una sola persona, es una visión romántica. La hemos visto en películas, la hemos leído en libros, la hemos escuchado en canciones. Desde la infancia nos han enseñado que para tener una relación exitosa hay que ser fieles, y eso es totalmente correcto. Estamos todos de acuerdo en que la infidelidad no encaja para nada al momento de construir una relación saludable y duradera.

Vista de este modo, la infidelidad rompe con el pacto tácito de exclusividad y amor incondicional, quebrando la confianza que se ha depositado en la relación. Pero, aun así, definir la infidelidad es un tema difícil, pues el traicionado y el infiel muchas veces no conciben del mismo modo la traición. Por ejemplo, el uso de pornografía puede ser visto como algo completamente normal por el marido, mientras que su mujer lo asocia con un acto de infidelidad, pues no piensa en ella cuando desea tener relaciones sexuales. Lo más complicado del asunto es que ninguna de las dos partes está errada. He ahí el dilema…

De todas maneras la infidelidad es, según Hall y Fichman (2006),  “la ruptura del compromiso exclusivo de la pareja por el establecimiento de una relación sexual, romántica o emocional”. En ese caso, hay varios tipos de infidelidad que merecen ser explicados.

Tipos de infidelidad

Es muy común asociar la infidelidad únicamente cuando tu pareja tiene relaciones sexuales con otra persona. Sin embargo, hoy en día existen muchos tipos de infidelidad que pueden, o no, llevar el acto sexual.

  1. Infidelidad emocional

La más común y la más dramática. No necesariamente incluye sexo. El solo hecho de que tu pareja –o tú– sienta algo muy profundo hacia esa otra persona, es considerado como infidelidad. Suele ser más dolorosa porque el vínculo que se crea con el amante es muy profundo, a tal nivel que puede  llegar a sentir amor por esa persona. O sea, que aunque te prometió amor eterno, se enamoró de otra o de otro.

  1. Infidelidad sexual

Cuando tu pareja llega a tener relaciones sexuales con otra persona, por supuesto, es infidelidad. Aunque no necesariamente los sentimientos estén implicados. Es decir, que tu pareja se acostó con otra persona, pero no siente nada más que una atracción sexual.

  1. Cyber Affair

La tecnología le ha hecho más fácil el camino a los infieles. Con el auge de la Internet y las redes sociales, hay más vías para la comunicación con otras personas, cosa que hace más accesible la infidelidad. Por supuesto, la persona infiel puede considerar que cualquier otra relación que tenga por Internet no es una infidelidad, pues no hay contacto físico. Sin embargo, el solo hecho de cortejar, intercambiar mensajes o imágenes de contenido sexual –o simplemente una selfie para galantear–, implica una infidelidad, aunque se trate del mundo virtual.  De hecho, siempre puede ocurrir que el infiel y la persona que conoció por internet se citen para conocerse físicamente. Muchos lo hacen, y bueno, ya se sabe lo que viene luego.

  1. Infidelidad por secretismo

La falta de honestidad es considerada una traición porque vulnera la confianza. Si tu pareja es alguien que te oculta las cosas, que te miente –tanto en cosas importantes como insignificantes– estás al lado de un infiel. Recuerda algo, los infieles saben mentir muy bien, son expertos en eso.

  1. Infidelidad por quiebre en el vínculo

Se trata, simplemente, cuando una persona no ama a su pareja. Sencillo, no es necesario que tenga a un amante o que haya conocido a alguien más. Solo mantiene una relación sin sentir amor. Eso es mentir, es ilusionar a la otra persona. Y sí, es infidelidad.

  1. Pareja ausente

Si tu pareja no está cuando más la necesitas, si no comparte contigo los momentos especiales y significativos, si invierte su tiempo e interés en otras cosas y no en ti, esa es una pareja ausente. Muy típico de la gente que está en una relación pero la olvida por el trabajo –workaholics– ya sea porque le da cierto estatus económico o porque es lo único que le importa. Se trata de personas con poca lealtad que no están a tu lado en los momentos que necesitas apoyo. Es decir, brillan por su ausencia. Esto también es considerado infidelidad.

  1. Infidelidad por soledad

Se da cuando las personas son infieles porque sienten que su pareja no les presta atención. A pesar de estar en una relación, se sienten completamente solas y desean llenar el vacío. Temen hablar con su pareja por temor a lo mismo: a la soledad. Prefieren el camino fácil: buscar en otra persona lo que sienten que no consiguen con su pareja.

  1. Infidelidad por venganza

Simple: cuando te es infiel porque tú le fuiste infiel primero. Digamos que en algún momento de su relación tuvieron una crisis donde fuiste tú el infiel, te “perdona”, pero te hace lo mismo esperando que tú le perdones igual. Como para saldar las cuentas. También está el caso de que tu pareja haya sabido que le fuiste infiel, pero nunca te lo dijo, tú nunca supiste que él o ella sabían y estuviste todo el tiempo como si nada. Entonces… ¡Boom! Te traiciona también, y lo hace con alevosía. Ya sabes, lo que es bueno para el pavo, es bueno para la pava. Lo que es igual no es trampa.

Como verás, la infidelidad no solo implica el acto sexual con otra persona que no sea tu pareja. Se trata de una traición que puede llevarse a cabo incluso en las redes sociales. La infidelidad también es una decisión. No es producto de unos traguitos de más. Se es infiel porque se desea serlo.

¿La infidelidad tiene género?

Se ha dicho mucho que los más propensos a ser infieles son los hombres. Sin embargo, las mujeres también echan sus canitas al aire. La infidelidad es tanto del hombre como de la mujer. Solo que las féminas son más astutas y saben ocultarlo mejor. Un hombre, en cambio, aunque sea un perfecto mentiroso, siempre deja cabos sueltos. Podríamos hacer una comparación. Digamos que, en el asunto de la infidelidad, las mujeres se mueven más como los gatos, con prudencia, astucia, cautela y hasta elegancia. Los hombres, por su parte, se mueven como los perros, torpes, sin pensarlo mucho, tropezando con todo. Así, más o menos, es la diferencia entre las mujeres y los hombres infieles.

Once upon a time… Dos historias ilustrativas…

Tipos de Infidelidad. Muchacha triste

Una de mis amigas tuvo una relación de 5 años con su pareja. Aparentemente todo iba bien, pero ella empezó a notarlo extraño, como ausente, casi no le escribía, casi ni se veían. Fue un cambio abrupto, puesto que el muchacho siempre estaba pendiente de ella. Pero en los últimos meses, ese interés fue desvaneciéndose. El chico se la pasaba en fiestas y en viajes pero nunca la invitaba. Según él, eran salidas que sus amigos le financiaban porque supuestamente él estaba corto de dinero; también decía que las reuniones a las que asistía eran solo de hombres.

Llegó un día en que mi amiga, desesperada, comenzó a revisar las redes sociales de su novio. Y no, no tenía la contraseña de su pareja, nada de eso. Simplemente lo stalkeaba –yo la ayudé, lo admito– y veía lo que hacía. Da la casualidad que en Twitter consiguió que su novio marcaba como favoritos muchos tweets de otra chica. Mi amiga curiosa se metió en el perfil de la muchacha y voilá, consiguió lo que estaba buscando. La chica en cuestión tenía una relación furtiva con el novio de mi amiga. Ahí pasó de todo.

Mi amiga se puso en contacto con ella –yo la alenté– y resulta que la muchacha no sabía que el “querido” tenía novia. Dos engañadas. El asunto no termina ahí, pues había otra mujer inmiscuida, una con la que el novio de mi amiga también había tenido algo. Todo era una completa locura. Lo cierto es que, vamos, el hombre se las ingenió bien para traicionar a mi amiga, mentía de lo lindo. Pero, qué cosas, todo su juego se quebró con tan solo darle “fav” a los tweets de la otra muchacha. La relación entre mi amiga y su novio terminó a las patadas, en muy malos términos. Pero terminó y eso es lo importante.

Por otro lado, tengo otra amiga que le fue infiel a su pareja, pero por venganza. El caso es que se enamoró de un hombre que le jugó feo en varias oportunidades. Él la engañaba, ella se enteraba, se separaban, pero volvían. Eso se repitió cuatro veces y las cuatro veces el tipo la engañó. Realmente no entiendo qué le veía ella a ese hombre que parecía un carro chocado, un marciano aporreado y, de paso, tacaño. Pero, en fin, el amor es muy ciego.

Lo cierto es que después de mucho llorar y de darse cuenta que el último engaño fue atroz (la cuarta vez, vamos, ya era el colmo), lloró, pataleó pero siguió con él para hacerle lo mismo. Vaya que lo hizo, y en su cara, de hecho. Estuvo con otro hombre como por tres meses, lo más interesante es que era un integrante del mismo equipo de futbol de su pareja. La hecatombe se produjo en una fiesta a la que el novio de mi amiga iba a ir, él la invitó, pero ella dijo que se quedaría en casa. Sin embargo, sí fue a la fiesta, se apareció con el otro –su amante, el compañero de su novio– y su paladar disfrutó el dulce sabor de la venganza. Se besaron frente a él. Le dio en la madre porque lo hizo arder en su propio infierno. Hasta ahí llegó todo. Mi amiga terminó con los dos.

Como verán, mi amiga jugó bien las cartas y su novio no supo nada hasta que ella decidió restregárselo en la cara. ¿Cómo lo hizo? Le mentía a su novio, muchísimo, pero él le creía, puesto que no pensaba que mi amiga pudiera hacer algo así. No los voy a engañar, la venganza de mi amiga no quiere decir que ella dejó de sentir algo por él, la verdad es que seguía llorando y seguía lamentándose por todas las veces que el tipo le fue infiel. Ese guayabo le duró como un año entero. Pero, finalmente, sanó. Ahora está en una relación sana con otro chico.

Con estas dos historias no quiero mostrar que los hombres son infieles por sinvergüenzas y que las mujeres lo son por dolidas y vengativas. Simplemente son historias que conozco porque participé bastante en esas conversaciones, casi que le hacíamos muñequitos vudú a los susodichos. Lo cierto es que tanto hombres como mujeres pueden ser infieles, por el motivo que sea. Muchas veces es porque quieren y así lo deciden.

Efectos de la infidelidad

Por obvias razones, la infidelidad puede llevar, a quien ha sido traicionado, a la depresión y a la angustia. Pero existen otras consecuencias. Gordon y Baucom (1999) clasifican los efectos de la infidelidad de la siguiente manera:

  1. Cognitivos

La persona engañada comienza a obsesionarse con lo ocurrido, quiere saber detalles para satisfacer su necesidad de conocer las condiciones en las cuales se dio la infidelidad. Dichos pormenores le hacen más daño, lo sabe, pero aun así desea enterarse.  No solo eso, también se quiebra la confianza en la pareja que le fue infiel y las futuras relaciones que tenga, puesto que no se sentirá segura o seguro en otras relaciones, pensando que siempre le pueden hacer lo mismo. Pierden fe en el amor.

  1. Conductuales

El traicionado puede reaccionar de forma agresiva contra la pareja o contra el tercero. La reacción más común es separarse de la persona que le fue infiel. Pero, si logra perdonar el engaño, pude que aparezca la hipervigilancia para asegurarse de que el affaire terminó definitivamente, o puede comenzar a obsesionarse y hacer preguntas para indagar en lo que ha pasado, en este caso la comunicación suele ser muy agresiva.

  1. Emocionales

Aparecen sentimientos de rabia, depresión, ansiedad, victimización, etc. Muchos autores (Allen y otros, 2005; Gordon y Baucom, 1999, Gordon y otros, 2004, Lusterman, 2005) consideran que las reacciones emocionales que se dan en la persona que ha sido traicionada son similares a las que aparecen en el trastorno por estrés postraumático. Lusterman, en este caso, describe que las consecuencias de la infidelidad son parecidas a las que se han dado por un trauma: dificultades en el sueño (duerme mucho o duerme muy poco), irritabilidad, ataques de ira, hipervigilancia para asegurarse de que su pareja no le hará lo mismo, reacción negativa a cualquier estímulo que le recuerde la traición: películas, programas de tv, canciones, libros,  comentarios, etc.

También pueden darse casos en los que la persona que ha sido víctima de la infidelidad somatice sus emociones. Es decir, que su cuerpo responda negativamente a todo el dolor que siente por la traición: náuseas, diarrea, dolor de cabeza, gripe, fiebre, etc. Conozco personas que han pasado por esa situación y somatizan sus emociones. A una de mis amigas le pasó que todo lo que comía le hacía daño a su estómago, lo vomitaba o le daba diarrea. También tuvo alergias y gripes. Todo eso le ocurrió después de que se enteró de la infidelidad de su pareja. Padeció de estas dolencias como por tres meses, o sea, mientras todavía la infidelidad estaba muy fresca y la hacía sentir mal.

Pasos para afrontar y superar una infidelidad

Ciertamente, no es fácil enterarse de que tu pareja te ha sido infiel. Se siente horrible y tu mente pareciera que tuviera muchas piedras haciéndole peso. Aun así, es posible superarlo si sigues estos pasos:

  1. No te sientas culpable

Cuando las personas se enteran de una infidelidad por parte de su pareja, es muy común que se sientan culpables de lo sucedido. Pues no, tú no tienes la culpa de que te hayan sido infiel. Recuerda que la infidelidad es una decisión. Las causas de ello son muchas, capaz tu pareja es muy impulsiva y no puede controlar el deseo. También puede ocurrir que la relación entre ustedes no daba para más y había muchas fallas, por lo que la confianza ya estaba perdida. En ese caso, la responsabilidad es de ambos. Pero nunca te atribuyas la culpa.

  1. Enfrenta la situación

Seguramente te diste cuenta de la infidelidad por tus propios medios. El hallazgo es tan doloroso que puede asustarte hablar con tu pareja, debido a las inevitables consecuencias que eso supone. Pero debes tomarte un tiempo para meditar, calmarte y afrontar la situación. No puedes estancarte y anclar tu dolor.

  1. Habla con tu pareja

Aunque las emociones sean muy fuertes, debes dialogar con tu pareja de forma calmada. Debes buscar el momento y el lugar oportuno, sin forzar las cosas. Dale chance para que se exprese. Tú también hazlo, no calles nada, explica cómo te sientes.

  1. Acepta lo ocurrido

Lo que pasó, pasó. No hay vuelta atrás. Acepta que te fueron infiel y que tu pareja no es la persona que esperabas. Acepta que el pedestal se derrumbó.

  1. Busca apoyo

Tu squad de amigas son las indicadas para ayudarte a salir de la decepción. Si eres hombre, llama a tus amigos y desahógate. Tus verdaderas amistades siempre te van a tender una mano. Pero si sientes que estás muy mal, ve a un psicólogo. Te va a hacer sentir mucho mejor.

  1. Perdona

Perdonar no significa que vas a olvidar lo ocurrido, pues no pasará. Indudablemente, vas a estar un tiempo sintiendo muchísimo rencor, y eso es válido. Sin embargo, no puedes seguir alimentando esos sentimientos que al final del día te hacen más daño a ti que a tu pareja que te fue infiel. Perdonar es una decisión, viene también de la aceptación de lo ocurrido, de comprender que nadie es perfecto y de que idealizar a las personas es lo peor que puedes hacer. Perdonar es dejar ir lo que te hiere, es una buena acción que haces por ti.

  1. Decide

Luego del perdón, el camino se bifurca. Tú escoges si seguir o no con la relación. Lo más lógico es terminarla, pero lo cierto es que hay personas que dan segundas oportunidades. Por supuesto, depende de muchas cosas, del tipo de infidelidad, de la recurrencia, de qué tan grave fue realmente y de la personalidad de ambas partes, tanto del infiel como del traicionado.

Si decides reconstruir la relación, lo mejor será que la crisis que vivieron no sea motivo de discusiones futuras porque, en ese caso, mejor es culminar la relación. De nada sirve seguir si ya no hay confianza. Si de verdad ambos quieren mantener su noviazgo o matrimonio, deberán asistir a terapia de pareja y que un profesional pueda guiarlos bien.

Ahora, si eres de mi equipo y no das segundas oportunidades, bienvenida y bienvenido. Es la mejor decisión que has tomado. Si de algo te sirve, cuando una persona es víctima de una infidelidad, luego de haber pasado un largo periodo de duelo y que su autoestimada se haya caído al mismísimo núcleo de la tierra, vuelve a florecer, como el ave fénix que renace de las cenizas. Cuando hayas superado todo, serás antibalas. Tu autoestima y confianza crecerán fuertes y saludables, te sentirás genial. No puedo hablarte de tiempo porque no sé cuánto te tome. Eso sí, haz tu mejor esfuerzo para lograrlo.

Siempre he dicho que lo mejor es lo que pasa. Puedes aprender muchísimo de una infidelidad. Si eres la víctima, te funciona para encontrarte a ti misma o a ti mismo. Si eres el infiel, te sirve para reflexionar. Lo cierto es que hay que darle tiempo al tiempo, todo va a estar bien.

Por cierto, si eres el infiel, nunca pretendas que a juro tu pareja tiene que perdonarte porque sí. Si de verdad estás arrepentida o arrepentido, hazlo saber y demuéstralo. No te impresiones por la reacción que pueda tomar tu pareja, debes tener claro que lo que hiciste en serio causa mucho dolor. Ahora, perdónate tú primero y hazte una autoevaluación. Si en serio te sientes muy mal por lo ocurrido, trata de no volverlo a hacer. No vuelvas a hacer miserable a otra persona y limpia tu karma. Si te portas cool, para ti todo también irá bien, ya sea con tu propia pareja después de un largo proceso de perdón, o con alguien más comenzando desde cero y haciendo todo correctamente.

Se acaba el amor

Del encanto a la desilusión: ¿por qué se acaba el amor?

Enamorarse es una de las experiencias humanas más gratas, genera sensación de plenitud y optimismo. Los expertos aseguran que esta primera etapa del amor suele durar un máximo de tres años, que una vez superados permiten a los amantes verse como son, sin ilusiones. Después del enamoramiento las endorfinas bajan nuevamente a su nivel regular y la pareja toma consciencia de si es posible o no continuar la relación. Muchas se fortalecen mientras otras se separan al sentir que se acaba el amor.

En ambos casos conviene advertir la diferencia entre el enamoramiento (esa primera etapa de atracción apasionada) y el amor, la capacidad de mantener sentimientos profundos hacia el otro, aceptar sus luces y sombras, tener ganas de compartir proyectos y verlo como alguien especial, aunque no perfecto.

La falta de entusiasmo y ganas de conquistar al otro, la molestia constante por lo que hace o dice, la disminución de la atracción y la preferencia a estar sin la compañía de la pareja presagian el fin del acuerdo. Pero, ¿cuáles son las razones principales por las cuales se acaba el amor? Un estudio de la Universidad de Western, en Canadá, determinó que los motivos más frecuentes por los cuales las mujeres dejan de amar a sus esposos son: la falta de higiene, la pereza y la poca estabilidad económica; por su parte, los hombres se mantuvieron reacios a continuar con compañeras sin un buen sentido del humor, con las cuales no había confianza ni una relación íntima satisfactoria.

Detengámonos en estas y otras razones por las que se acaba el amor:

Comunicación

Uno de los pilares que sostiene la relación es la comunicación, el decirle al otro lo que sientes, ser receptivo para escuchar lo que le sucede y comprenderlo. Conversar permite que la relación se pueda replantear y adaptar a las nuevas necesidades surgidas con el paso del tiempo. La mayor parte de los problemas de pareja vienen dados por una mala comunicación, bien sea porque los miembros no se hablan o porque al hacerlo solo se insultan. Al no comunicarse terminan aislados el uno del otro.

Confianza

No se puede tener una relación con una persona en la que no se confía. La confianza en el otro es lo que permite la entrega sin medidas, con la certeza de no ser lastimados. Cuando ésta no existe la pareja tiende a discutir constantemente, el amor se debilita, se pierde el interés en compartir aficiones y espacios de intimidad, en fin, el futuro de la relación se torna incierto.

Compromiso

Surge una vez superada la etapa de enamoramiento, cuando los amantes se ven tal cual son y la verdadera relación de pareja comienza. En este punto cada uno está dispuesto a acoplarse al otro, hacerse cargo de la relación, adaptarse al proyecto de vida en común. Si esto no está dado en la misma medida por ambos miembros de la pareja, el amor se resquebraja porque se rompen las alianzas, la lealtad y la seguridad.

Conformismo

La falta de planes a futuro y la ambición de superarse es uno de los aniquiladores del amor. Nadie quiere estar con alguien carente de visión y curiosidad por la vida porque con una persona así es muy cuesta arriba enfrentar las dificultades cotidianas. La poca vitalidad es una de las razones más frecuentes de abandono de la pareja.

Se acaba el amor

Peleas

Si bien las discusiones de pareja son normales e incluso saludables, hacer de la vida en común un campo de batalla termina por hartar a ambos. Las peleas arruinan el equilibrio y la armonía, además con el tiempo el cerebro registra esos desagradables momentos y los recupera con cualquier estímulo, lo cual hace que ante un mínimo comentario inicie una nueva guerra campal.

Las relaciones son para disfrutarlas, aunque no pueden evitarse las diferencias ni disgustos, conviene abordarlos con mucho humor para no desgastar la relación con pleitos sin sentido; piensa si eso que te está molestando tanto hoy seguirá siendo un problema mañana, de no serlo deja de aferrarte, a veces perdiendo también se gana.

Romanticismo

Aunque las estadísticas señalan que para el hombre las muestras de sentimientos son menos importantes que para las mujeres, muchos de ellos llegan a ser más detallistas que sus compañeras. Expresarle a la pareja con gestos, palabras y detalles lo mucho que se le ama ayudará a reforzar la sensación de plenitud, recordará los primeros años de relación y seguramente las razones por las cuales se enamoraron. No hay que subestimar las muestras de afecto, son imprescindibles para mantener la unión. Por el contrario, una relación sin romanticismo se tornará monótona y distante.

Sexo

Una de las claves para que las relaciones perduren es mantener encendida la pasión. El sexo es indispensable para toda pareja, debido a que ayuda a consolidar la conexión física y emocional, además de influir en el entendimiento y la estabilidad de ambos. Sorprender al otro y preservar un espacio destinado al erotismo ayudará a mantener el deseo con el paso de los años. El desgaste de las relaciones sexuales termina por afectar el amor de la pareja, genera grandes problemas de comunicación e inhibe la experiencia del placer, tan importante para la salud del cuerpo y el alma.

La llegada de los hijos a veces pone en peligro el amor, debido a que la pareja tiene menos tiempo para la intimidad; ante esto es bueno asumir, con toda la paciencia que requiere el caso, que se trata de una nueva etapa y desde allí buscar tiempo para compartir a solas.

Higiene

Los hábitos al bañarse, cepillarse y cambiarse la ropa, sobre todo la interior, pueden ser una molestia para la pareja si uno de los dos siente que el otro no se asea tanto como él quisiera. Aunque estos pequeños detalles deben advertirse desde el principio de la relación, si aparecen una vez establecida la convivencia conviene discutirlos con mucha sutileza y respeto. La intolerancia con respecto a la higiene del compañero no es un aspecto menor sino una de las razones más frecuentes por las cuales el amor se acaba y la pareja se separa.

Se acaba el amor

Amigos y familiares

Otro de los aniquiladores del amor es la mala relación de uno de los miembros de la pareja con los amigos o familiares del otro. Vivir en pareja no significa aislarse del resto del mundo, tampoco privar al compañero de la felicidad de compartir con sus seres queridos. Aunque una persona no quiera a la familia de su cónyuge, la mayor muestra de amor que puede darle es aprender a respetarla y compartir con ella. Prohibirle este contacto es tan absurdo y egoísta que si se analiza con inteligencia se advertirá que no vale la pena siquiera intentarlo. Hay que recordar que ninguna pareja sobrevive si no se siente cómoda y libre.

Distancia

Aunque las parejas a distancia pueden fortalecer su amor porque hacen más esfuerzos para comunicarse e intimar, no deja de ser cierto que este tipo de relación no funciona para todo el mundo. La poca frecuencia de los encuentros, la ansiedad que genera no verse y la falta de contacto físico hacen que el sentimiento se extinga, eso sin contar que puede quedar la duda de si realmente se logró conocer ese lado genuino del otro y no solo su mejor versión, lo que podría hacer que incluso la existencia del amor quede en duda.

Infidelidad

La mayor parte de individuos ante una experiencia de infidelidad terminan separándose de la pareja, sienten que la lealtad se ha perdido, que han sido traicionados y que aunque con el tiempo logren perdonar al compañero, los daños son irreparables y esa persona se convierte en alguien poco conveniente para amar. No es casual que la infidelidad sea la primera causa de divorcio en el mundo, sin duda es un problema muy difícil de sobrellevar.

El amor no implica la falta de atracción por otras personas sino la voluntad de no romper el lazo con quien se tiene un proyecto de vida en común. La psicóloga Anabel López sostiene que hay que distinguir si esa atracción repentina no es más que una exaltación pasajera que podría dinamitar la relación para tomar la decisión más responsable y acertada a mediano y largo plazo.

Autoengaño

No es posible amar a los demás sin amarse a sí mismo primero. El amor personal comienza en la infancia con las lecciones de la familia, es allí donde se aprende la autovaloración a partir del ejemplo de los padres. En esta etapa cada individuo se forma un concepto de sí mismo, experimenta el amor a partir de las reacciones, muestras de cariño, contacto con el entorno, molestias, etc.

La psicóloga María Guerrero explica que en la adultez cada quien elige alguien con quien mantener el rol aprendido en la infancia y allí puede surgir un problema: si las necesidades básicas no están cubiertas, se asume que no son importantes, la persona comienza a sentirse incapaz de ser amada y en consecuencia dependiente del afecto de los demás. Esta dependencia no es más que la ignorancia de la propia dignidad de ser amados, el cual resulta letal para el amor. Al demandar desesperadamente el cariño de los demás una persona no puede desarrollar al máximo su capacidad de amar.

El especialista en pareja, Walter Riso, afirma que amar es la experiencia de la abundancia interior convertida en complicidad, de ningún modo supone tratar de llenar un vacío con el compañero.

Es bien sabido que el amor hay que cultivarlo y para ello se requiere trabajar la relación, renovarla, resolver los conflictos y negociar permanentemente. Con práctica se aprende a amar, aunque nunca está de más buscar herramientas especializadas para advertir los errores en los que se reincide y mejorar. Ignorar lo que sucede es evadir el trabajo del amor y sin eso no hay sentimiento que se mantenga.

La célebre terapista Louise Hay subrayaba que los sentimientos surgen como consecuencia de las actitudes y comportamientos amorosos porque amar es una responsabilidad que requiere desarrollar conductas sanas de manera proactiva. Las parejas funcionan mejor en la medida en que comparten principios y valores, cada uno se hace cargo de sí mismo psicológica y físicamente, ambos son independientes emocionalmente, valoran a aquel con quien comparten la vida y edifican una vivencia constructiva. En eso consiste el trabajo del amor, la clave para que el sentimiento sobreviva y no se acabe el amor.

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No tengo ganas

No tengo ganas de hacer el amor con mi pareja, ¿qué hago?

Uno de los aspectos más comunes en las parejas es la no coincidencia del deseo sexual entre ambos miembros, a veces es ella quien tiene la libido más baja y luego de un tiempo los papeles se invierten y pasa a ser él quien se muestra reacio a mantener relaciones. Claramente el “no tengo ganas” es un problema importante y complejo, que debe resolverse entre ambos y con prontitud, sobre todo si la falta de apetito sexual se hace constante.

Lo primero que deberíamos hacer es ubicar la causa por las cuales no sentimos deseo de intimar con nuestra pareja. Si bien no hay que hacer un drama porque a muchos les ocurre, conviene atacar el problema desde sus primeros síntomas para que la solución sea más sencilla. Entonces, justo cuando empezamos a notar que nuestro deseo ha disminuido, debemos analizar lo que ocurre: si tenemos la causa podremos hallar una mejor y más pronta solución.

Las causas del “no tengo ganas” pueden ser diversas: problemas personales, profesionales, de salud, duelos, traumas, todos inhiben el deseo porque nos bloquean e impiden que éste fluya.

Problemas con la pareja:

Los conflictos en la relación disminuyen el deseo sexual, es muy difícil que alguien quiera intimar con una persona con quien no se lleva bien y discute continuamente. El sexo requiere unión y estabilidad, con ellos ambos compañeros pueden relajarse y disfrutar de la maravillosa experiencia del amor. Si advertimos que nuestra baja libido es por problemas con la pareja, debemos apelar al diálogo, si los conflictos son muy profundos un especialista podrá ayudarnos a ver la realidad de manera más clara y encontrar una solución viable al “no tengo ganas”.

Monotonía:

La rutina puede reducir a su mínima expresión el apetito sexual. Si los encuentros no varían, son siempre iguales, en el mismo lugar e incluso hora no se genera ningún efecto sorpresa y en consecuencia al cerebro le cuesta activar el proceso de excitación. Si nuestro problema tiene que ver con el aburrimiento podemos incorporar la novedad y la imaginación para ayudarnos, probar distintas posturas sexuales, incorporar juegos eróticos, encontrarnos en lugares diferentes, complacer fantasías, liberarnos de los tabúes y abrirnos a nuevas experiencias. Establecer nuestro propio lenguaje de seducción y entregarnos al juego nos ayudará a disfrutar más y es muy probable que ese estado de plenitud nuestro deseo sexual recupere su vigor.

No tengo ganas

Niveles hormonales:

La baja testosterona y la alteración del estrógeno pueden generar en el hombre y la mujer, respectivamente, baja libido y falta de ganas. Por esta razón es tan importante mantenerse con buena salud física, alimentarse bien, hacer deportes, observar las reacciones de nuestro organismo si tomamos algún fármaco. En cualquier caso hay que ponerse en manos del médico.

Vacío:

Puede ocurrir también que veamos el sexo como una obligación y no como una actividad placentera. Bien sea por alteraciones emocionales o físicas, en estos casos de distorsión hay que consultar un especialista para que nos guíe de manera correcta. Nuestra visión de las relaciones sexuales determina la manera como estas se desarrollan.

Es importante hacer esfuerzos conscientes que estimulen la excitación, desde la forma en que nos vestimos, hasta la manera como nos acercamos a la pareja, nos comportamos frente a ella y reforzamos los estímulos sensoriales; todo esto cuenta porque los pequeños detalles ayudan mucho a disfrutar más del sexo.

Asimismo, es importante revisar los pactos que tenemos con nosotros mismos, el modo en que nos amamos nos acerca o aleja de la sensualidad, tan indispensable en las relaciones de pareja. La sensualidad nace en el pensamiento y se proyecta fuera de él a partir de lo que decimos y hacemos, así que más nos vale mantener alejados los complejos y abrirnos a la experiencia del goce.

La comunicación con la pareja también debe incluir el diálogo honesto, directo y elocuente. Hay que contarle al otro cómo nos sentimos y por qué, no para que se preocupe o sienta mal sino para poder buscar una solución entre ambos, cooperar y negociar lo que sea necesario.

Además de procurar el acercamiento físico a la pareja con besos, abrazos y caricias, hay que dedicarle tiempo al sexo. Es sumamente importante, en este y todos los casos, encontrarse con la pareja con toda la paciencia que el asunto merece. Aunque en un principio nos sintamos con poca energía es recomendable dejarse llevar con la mente en calma, suele ocurrir que los estímulos funcionan y se genere un encuentro lo suficientemente placentero como para hacernos sentir con mejor ánimo.

Finalmente, dos datos importantes: no sentir frustración porque si nos autocompadecemos terminaremos peor y no solucionaremos el problema, y tratar de animarnos rememorando con la pareja lo que nos entusiasmaba antes y lo bien que la pasábamos. Es muy probable que en un par de encuentros veamos el retorno de nuestro deseo sexual y digamos adiós al “no tengo ganas”.

Segundas oportunidades

¿Funcionan las segundas oportunidades en el amor?

Hay quienes sentencian que las segundas partes no son buenas, que si una relación no funcionó en la primera oportunidad no lo hará en la segunda, que es importante cerrar las etapas y buscar nuevos horizontes, en fin… En teoría lo ideal es pensar que si en el pasado hubo razones de peso para terminar una relación de pareja no es conveniente reincidir, pero ¿qué sucede si estos conflictos que llevaron a la ruptura han sido superados, si los miembros de esa pareja fallida han evolucionado como personas, se siguen amando y están disponibles para hacerlo?

Si bien las segundas oportunidades en el amor no son para todos, es importante saber leer los detalles que pueden orientarnos para tomar la decisión más conveniente, ¿regreso o no con mi ex?

Uno de los primeros pasos que debemos seguir es identificar las razones por los que terminamos la relación, las más frecuentes son los siguientes:

Engaño: mentir a la pareja genera desconfianza y si no podemos confiar en el otro es imposible creer en él. Aquí entra la infidelidad.

Manipulación: convencer al compañero de tomar decisiones que solo favorecen a una parte, hacerse la víctima y manejar a la pareja es poco sano y evita que la relación se fortalezca.

Egoísmo: no considerar al otro y desestimar sus logros y preocupaciones hace que la calificación de pareja sobre, son solo dos personas que viven juntas.

Violencia: es una de las razones que más peso tiene para culminar la relación, debido a los riesgos que implica y a la dificultad de que el agresor cambie sin ayuda especializada.

Sin proyecto juntos: el no tener objetivos en común, metas para alcanzar codo a codo, termina por matar los sentimientos de ambos.

Malas finanzas: una base económica sólida resta muchos dolores de cabeza a la pareja, evita el estrés, la frustración y la baja autoestima, que al final hacen que ambos cónyuges se aíslen.

Incompatibilidad sexual: los gustos, frecuencia y hábitos sexuales deben equilibrarse o de lo contrario la pareja pierde un componente fundamental de la relación y termina incomunicada en todo sentido.

Ausencia de amor: si bien requiere de un trabajo diario para mantenerlo vivo, una vez que el amor muere no hay vuelta atrás, de hecho en ese contexto no deberíamos plantearnos un segundo intento.

Segundas oportunidades

¿Cuándo funcionan las segundas oportunidades en el amor?

Cuando a pesar de la historia fallida ambos estamos dispuestos a intentarlo de nuevo y no repetir los mismos errores.

Cuando la decisión es de ambos, no existen manipulaciones de por medio ni sentimientos de lástima o culpa.

Cuando hemos logrado perdonar a la pareja, es decir, recordar lo que nos pasó sin sentir dolor, podríamos intentarlo una vez más. Hay que evitar recordar los conflictos a cada momento, si nos vamos a unir otra vez que sea para tener nuevos momentos de felicidad, no para rememorar un pasado que ni siquiera fue bueno.

Cuando nos sentimos tranquilos, en paz, sin deudas ni pendientes emocionales con el otro podría valer la pena intentarlo. La idea es andar ligeros y para ello debemos soltar. Conversemos con el otro nuestro deseo de volver a estar con él sin perder nuestro espacio y tiempo para cultivarnos personalmente.

Cuando la motivación principal que tenemos es el amor y la voluntad de hacer el trabajo del amor diariamente hasta que por ensayo y error nos resulte favorable. Es bueno recordar que para que una relación de pareja funcione amarse es necesario, pero no suficiente.

Cuando los dos somos conscientes de los problemas que llevaron a la ruptura y hemos buscado soluciones.

Cuando somos capaces de reconocer los aspectos positivos de la pareja y no solo los negativos.

Cuando tenemos proyectos individuales y en pareja para crecer personalmente y como equipo.

Cuando estamos dispuestos a invertir tiempo, dinero y esfuerzo en reconstruir nuevamente la relación.

 

¿Cuándo no funcionan las segundas oportunidades en el amor?

Cuando el perdón no es sincero y continuamos repasando las fallas del otro con resentimiento.

Cuando aún sentimos dolor y deseos de vengarnos del otro, no estamos en paz sino en plan de guerra.

Cuando no hemos asumido nuestra cuota de responsabilidad en la ruptura, por lo que nos consideramos víctimas del otro.

Cuando nos dirigimos al reencuentro con el mismo cúmulo de fallas del pasado, no hemos crecidos en nuestro proceso previo de ruptura, no aprendimos de la experiencia anterior y seguimos siendo los mismos.

Cuando solo uno de los miembros de la pareja desea reconciliarse.

Cuando pensamos que por todo el tiempo que estuvimos juntos ese amor del pasado es la persona ideal para nosotros, el único con el que nos entendemos “bien” en todos los aspectos de nuestra vida.

Cuando tenemos miedo a la soledad, nos consideramos incapaces de tomar las riendas de nuestra vida, cedemos a las presiones sociales o nos aferramos a no perder la estabilidad económica que nos procuraba la pareja. Esto se agudiza si hay hijos de por medio, no hay que perder de vista que lo que más necesitan nuestros hijos es padres felices y para alcanzar la felicidad no es obligatorio regresar con el ex.

Cuando cedemos a las presiones del otro por hacerle un favor o por el contrario usamos la lástima para que regrese con nosotros.

Cuando sobredimensionamos el poder del sexo y lo asumimos como la solución a todos nuestros problemas en común.

 

¿Qué hacer para que funcionen las segundas oportunidades en el amor?

Perdonar, primero a nosotros mismos y luego a nuestro compañero.

Dejar lo malo en el pasado, no sacarlo constantemente.

Asumir el compromiso que implica la vida en pareja, la resolución de problemas que pueden parecerse mucho a los ya experimentados.

Comunicarnos asertivamente para mantener la relación en permanente evaluación.

Cooperar económicamente para mejorar nuestras finanzas conjuntas,

No descuidar las relaciones sexuales, motivarnos constantemente y pasar tiempo juntos que sea de calidad.

Aprender de los errores, crecer y actuar con madurez emocional puede ayudarnos a tener segundas oportunidades que se conviertan en terceras, cuartas, quintas…

 

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Discusiones en pareja y como superarlas

Todas las personas tienen problemas y discusiones, no importa que tan parecidos sean, sus diferencias de edades, ni el tiempo que lleven como pareja. No es un asunto del que se deban preocupar, existen pequeñas peleas que son normales entre las parejas y de hecho discutir es sano para conocer al otro, de hecho no existe algo como “parejas que nunca pelee”, todas lo hacen, solo que algunas con menos frecuencia que otras.

Existen situaciones que hacen tambalear a las parejas más solidas y es que hay problemas que nos desequilibran, por eso es importante de saber cómo manejar el enojo. Estas son los principales motivos de peleas:

  • El mal humor: Es cuando empezamos una discusión por motivos mínimos solo porque tuvimos un mal día o nos encontrábamos en un momento hormonal del mes, incluso puede que ambos simplemente tuvieran un mal día.
  • Malos hábitos: No nos agrada todo de nuestra pareja y eso es completamente normal, podemos aceptarlo y dependiendo de si es un hábito dañino o no, ayudarlo a mejorar. Este tipo de discusiones nacen normalmente de la convivencia diaria, del vivir juntos.
  • Dinero, estatus y educación: Puede que suene feo en muchos casos, pero es más común de lo que se imagina, y eso no hace a nadie una mala persona, por eso es importante antes de estas discusiones hablar sobre estos temas.
  • Familia y amigos: En una relación de mucho tiempo en inevitable que haya actitudes de los familiares o amigos de nuestra pareja que nos disgusten, incluso que el pasar tiempo con ellos se vuelva complicado de arreglar con los horarios.
  • Celos y problemas para entenderse: Como en toda pareja existen inseguridades y problemas de comunicación que hacen que existan malos entendidos.
  • Discusiones por tareas domésticas: Es el mayor de los problemas para aquellas parejas que conviven día a día juntas, toda pareja que viva junta debe de decidir que tareas le serán asignadas al otro, pero sobretodo entender que como pareja se deben ayudar y apoyar mutuamente.
  • Diferentes apetitos sexuales: La intimidad es realmente importante para una pareja, si uno de los dos tiene un apetito sexual mayor al otro, solo se debe respetar al otro y nunca perder la intimidad ni las ganas de explorarse.

Cuando estamos en una relación es cierto que anhelamos felicidad, por eso evitamos las discusiones  a toda costa, pero realmente lo importante no es evitar las peleas, es saber cómo solucionarlas, puedes obtener muchos beneficios de una discusión si saber cómo llevarla con respecto y de buena manera.

9 reglas de oro para que tu pareja y tú superen cualquier obstáculo

  1. Las discusiones tóxicas se pueden prevenir, para esto se debe de tener el lugar y momento antes de iniciar reclamos, espera calmarte y estar en privado para discutirlo sin tanta tensión.
  2. No pienses lo peor. Para discutir no pienses de forma negativa, de hecho debes basar las cosas en hechos reales y no es una exageración, en algunos casos también aplica el “no pienses lo peor de una situación”, esto es al menos de que sea un gran problema.
  3. Busca el diálogo. Una pelea no se resuelve gritando, a veces ni si quiera es buena idea usar un teléfono celular o mensajes de texto, es importante el dialogo, hablar, la clave es comunicar lo que pensamos de manera calmada, pero además de hablar, debes escuchar al otro, y esperar que se explique, recuerda que no es una competencia, son una pareja buscando una solución

Si la discusión se acalora y llega a pelea, es bueno tomar una pausa, esperar que el enojo de ambos disminuya y discutan en otro momento, para evitar así decir cosas que no desean, dándose un espacio podrán expresarse mejor una vez que vuelvan a hablar

  1. Utiliza reclamos legítimos. Todos cometemos errores, pero en definitiva iniciar una discusión por hechos falsos, por algo que imaginaste o pensaste, afectará mucho la confianza de los dos, deben madurar y ver las realidades del otro y discutir en el momento que se deba, no por situaciones imaginarias.
  2. Expresa lo que sientes. En una discusión es importante que realmente digas lo que piensas y como te hizo sentir una determinada situación o tu pareja, el ocultar ese tipo de cosas hará que su relación sea honesta. No queremos hacer sentir mal a nuestra pareja, solo queremos que esta se dé cuenta de cómo nos hizo sentir y aclarar la situación.
  3. No involucres a otros. No llames a un amigo, ni a tu mamá, ni acuses a otros de los problemas que puedan tener, y mucho menos utilices lo que ellos te hayan dicho en contra de tu pareja, primero porque la podrías predisponer en contra de él o ella y segundo porque en un problema de dos, terceros no deben opinar, es su relación, no le cedan a nadie su paz.
  4. No manipules ni exageres. Querer manipular a tu pareja para que ceda la razón de la discusión es infantil, debemos de aceptar nuestra culpa incluso si fuimos nosotros quienes iniciamos la discusión; por otro lado al discutir no debes de exagerar con comentarios estilo “Tu nunca haces ____” esto solo descalifica a tu pareja y hiere sus sentimientos.
  5. Nunca recurras a la agresión física, verbal y/o psicológica. La violencia debilitará tu pareja, será el principio del fin para ustedes, por ello se tienen que respetar el uno al otro, nada de insultos, sarcasmos y nada de violencia, eso incluye ambos sexos, ni hombres ni mujeres, por lo tanto descarta las cachetadas de telenovela.
  6. Reflexiona y ponle fin a la discusión. Después de una discusión es importante reflexionar acerca de lo que hemos hablado con nuestra pareja, que ambos curen sus heridas, dejen el orgullo de lado y el que tenga la culpa lo admita y el otro lo perdone; por último luego de aclarar lo sucedido, pónganle fin a la discusión y déjenla en el pasado.

No hay relación que no tenga breves desacuerdo, siempre habrá asuntos difíciles, situaciones pendientes y experiencias en la que no opinen igual, pero eso no es malo, si bien es cierto que el discutir nos hace sentir mal, la reconciliación nos hará mucho mejor, es perfectamente normal las situaciones en las que nuestra pareja nos saca de quicio, tiene actitudes que nos molestan o ocurran malos entendidos, es parte de una relación.

La psicóloga Harriet Lerner en Psychology Today dice “Una buena pelea puede limpiar el aire y es bueno saber que podemos sobrevivir al conflicto e incluso aprender de la situación”, por lo tanto, tu pareja y tú no deben temer a las discusiones, simplemente deben de aprender a hablar calmadamente y solucionarlo con amor para volver a su luna de miel.

Para más consejos escucha este vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=fdmaKkkV7aw.

 

Señales de separación

Ruptura de pareja: señales de una posible separación

Llevarnos bien durante el enamoramiento resulta bastante sencillo para la mayoría de las parejas. Esta etapa, marcada por la necesidad de conocernos profundamente, nos mantiene en un estado de entusiasmo con respecto a los gustos, historia personal y proyectos del otro. Tratamos de buscar similitudes, complacer al compañero, escucharlo y prestarle nuestro apoyo de manera incondicional. Pasado un tiempo, y sobre todo si estamos en convivencia, aparecen señales determinantes que nos indican que estamos en el camino de la separación.

Cuando la inteligencia emocional no se ha fortalecido es muy difícil que establezcamos una relación de pareja saludable. Nos desbordamos frente a los problemas, no sabemos cómo manejar las diferencias y pasamos por alto las señales que presagian el posible fin de nuestro noviazgo o matrimonio. A continuación presentamos algunas de ellas:

Deseo de no estar mucho tiempo con la pareja

Aunque es bueno cultivar el tiempo a solas y en compañía de otras personas, el deseo constante de no estar con la pareja por periodos prolongados evidencia un rechazo hacia esa persona. Hay que analizar qué se esconde detrás de esta sensación, pues no es buen síntoma querer estar alejado de la persona que amamos.

Cambios en el trato

Si notamos que comenzamos a molestarnos por acciones o palabras que antes no nos preocupaban, respondemos de manera hostil, tenemos cambios anímicos sin explicación y las peleas con nuestra pareja aumentan, debemos encender la alerta roja. Ser tolerantes, comunicar de manera asertiva aquello que nos disgusta y sobre todo respetar la manera de ser del otro son elementos necesarios para que la convivencia vaya en paz. Recordemos que amar es un verbo, por lo que valen más las acciones diarias y conscientes hacia el otro que la repetición constante de cuánto lo amamos.

Señales de separación

Encerrarse en sí mismo

Contenerse para no explotar no es saludable para nuestras emociones. Si comenzamos a ignorar a la pareja lo único que lograremos es desvincularnos emocionalmente de ella. Encerrarnos en nosotros mismos jamás solucionará los problemas, por el contrario nos llevará al caos; hay que conversar a tiempo para buscar soluciones viables.

Prioridad

Poner como prioridad nuestras necesidades y dejar de lado al otro es una muestra de egoísmo y desinterés. Para que la pareja funcione se requiere empatía, compartir necesidades y deseos, no sobreponer las metas personales por encima de las de la pareja, al fin y al cabo somos un equipo. Si esto nos ocurre debemos detenernos y reflexionar cómo nos sentiríamos si nuestro compañero nos hiciera lo mismo.

Decidir solo

Si comenzamos a decidir sin considerar la postura y sentimientos del otro debemos detenernos de inmediato. La vida en pareja es un lazo, por lo que tomar decisiones que nos afecten a ambos de manera separada terminará por hacernos sentir que ya no estamos en una relación. No se trata de perder independencia y capacidad de tomar decisiones, al contrario, es tener la certeza de que contamos con el otro y por ello consultamos su opinión acerca de asuntos triviales o complejos.

Reproche y responsabilidad

Exponer los aspectos conflictivos del pasado durante una discusión es mal síntoma. Uno de los aspectos más valiosos de la vida en pareja es poder mostrarnos frente a la otra persona tal como somos, con nuestras luces y sombras, si al molestarnos comenzamos a exponer la lista de fallas terminaremos por alejar al otro porque perderá la confianza. La mayor parte de las personas al hacer esto sienten satisfacción porque lo interpretan como una estrategia que los lleva a ganar la discusión, pero no es así, reprochar no es la solución.

Lo mismo ocurre cuando culpamos al otro de nuestra infelicidad. Los sentimientos son responsabilidad de cada quien, por lo que conviene hacerse cargo de ellos con mucha inteligencia incluso antes de decidir hacer vida en pareja.

Desencuentro

Los encuentros de la pareja son fundamentales para mantener vivo el romance, por lo que si advertimos que desde hace mucho ya no nos sorprendemos ni tenemos citas para compartir debemos evaluar nuestra relación. Al atravesar por este tipo de crisis tendemos a dejar de ver los encantos del otro, hay que estar pendientes de esto porque cuando la relación está en buenos términos nos seguimos sintiendo atraídos por esa persona independientemente de las circunstancias.

Señales de separación

Cero interacción

Dejar de preocuparnos por la pareja y desatender sus necesidades es una clara muestra de que la relación está mal. Debemos rescatar la complicidad incluso en los momentos de tensión, solo así seguiremos apostando por una vida compartida. La falta de interacción con la pareja puede tener consecuencias fatales como la búsqueda de otras personas para conectarse emocional y físicamente.

Pocas palabras

Si no somos capaces de dialogar la comunicación perderá fuerza. Las parejas deben conversar, compartir ideas, enriquecerse con ese intercambio permanente. Hablar solo de los deberes cotidianos nos arrastrará a un espiral de cansancio y hastío. Debemos hablar y hacerlo bien, no adivinar las intenciones del otro sino expresarnos claramente, tampoco usar frases acusatorias que hieran a la otra persona y nos hagan arrepentirnos minutos después.

Sexo sin importancia

Dejar a un lado el sexo demuestra que vamos por el camino incorrecto. Bien sea porque nuestra comunicación no está siendo efectiva o porque vemos en el otro la causa de nuestra desdicha, rechazar los encuentros íntimos como una forma de castigar a la pareja revela inmadurez. Vale más aclarar los inconvenientes, rehacer pactos e incluso buscar ayuda profesional.

Malos recuerdos

Si al hablar de nuestra vida en pareja solo exponemos los aspectos negativos, debemos revisarnos. Una pareja saludable logra sacar aspectos positivos incluso de las experiencias amargas porque son estas las que más fortalecen la relación. La construcción de un futuro en conjunto requiere amarse hasta en los detalles más insignificantes.

Comparación

Comparar lo que ha aportado cada uno por su cuenta es un acto de mezquindad y una señal ineludible de que no vamos bien. El dar y recibir es parte de la relación, no debe haber cabida para el pase de facturas porque el mayor de los placeres es compartir lo poco o mucho que tengamos.

Planteamiento violento

Si nuestras discusiones empiezan de manera negativa, con acusaciones y pérdida del respeto, sin duda estamos muy cerca del fracaso. Ser sarcásticos y criticar en vez de negociar solo nos llevará a sentirnos mal y herirnos profundamente. Debemos estar claros de nuestra responsabilidad en cada situación, no victimizarnos ni agredir al otro. No se trata de ganar discusiones sino de resolver conflictos.

Jinetes del Apocalipsis

Muchos especialistas alertan acerca de la aparición de “Los cuatro jinetes del Apocalipsis”, actitudes negativas que no conducen a la resolución del conflicto, por el contrario, lo agravan. Conviene estar atentos a la aparición de la crítica, el menosprecio, la actitud defensiva y el desdén porque son aniquiladores de la relación. Para mantenerlos a raya debemos enfrentar los conflictos, responsabilizarnos de nuestras acciones y por encima de todo evitar destruir al otro porque al final nos destruiremos a nosotros mismos.

Celos

Tanto el exceso como la ausencia de celos nos muestran que se ha perdido la confianza y el interés por la pareja. El psicólogo José María Arriagada sostiene que los celos son conductas defensivas que surgen de las propias fantasías de infidelidad, mientras la ausencia total de ellos demuestra que la relación carece de propósito y por lo tanto está desgastada; en ambos casos el especialista sugiere buscar ayuda profesional antes que la separación sea ineludible.

Fantasía de soltería

Añorar la libertad de la soltería puede ser una evidencia de la poca disposición a continuar una vida en pareja. Fantasear no es malo, pero si es recurrente y altera la relación hay que reconsiderar sus aspectos básicos.

Intento fallido de reconcialiación

Si ya hemos hecho intentos de reparación y estos han fallado quizás sea momento de buscar ayuda profesional o terminar la relación. A veces ante muchos intentos la posibilidad de reconciliación se vuelve costumbre y algunas personas no reaccionan a los esfuerzos del otro. El psicólogo Lohn Gottman indica que lo que marca la diferencia entre quienes responden a los intentos del otro y los que no es la calidad de la amistad en la pareja.

Las relaciones no se acaban de un día para el otro, se trata de un proceso en el que aparecen muchas señales que a veces ignoramos por miedo o costumbre. Por eso es importante advertir la presencia de estos indicadores que nos dan la oportunidad de actuar a tiempo y ver si es posible reparar el daño antes de terminar de transitar el camino de la separación.