Leyenda sioux. El amor, el individuo y la pareja
Amor Mitología y Leyendas

Unidos sin ataduras: La famosa leyenda sioux sobre las relaciones de pareja

“El amor, el individuo y la pareja” es uno de los relatos que forman parte del libro Cuentos y leyendas de los indios sioux, escrito por Zitkala-Ša, la primera india sioux educada en occidente. Esta leyenda sioux explica que el éxito de una pareja está en permanecer unidos sin ataduras, de manera que ambos puedan crecer el uno con el otro, sin perder su individualidad.

Los indios sioux son una tribu de indios americanos que habitan en Estados Unidos y en algunos territorios ubicados al sur de Canadá. La sabiduría de su cultura se ve reflejada en muchas de las historias narradas por Zitkala. El relato más conocido es el que nombré al principio, dedicado a las relaciones de pareja, el cual te compartiré en este post.

El secreto de una relación exitosa: Unidos sin ataduras

El amor, el individuo y la pareja. La famosa leyenda sioux

“Cuenta una vieja leyenda de los indios sioux que, una vez, hasta la tienda del viejo brujo de la tribu llegaron, tomados de la mano, Toro Bravo, el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros, y Nube Alta, la hija del cacique y una de las más hermosas mujeres de la tribu.

– Nos amamos -empezó el joven.

– Y nos vamos a casar -dijo ella.

– Y nos queremos tanto que tenemos miedo.

– Queremos un hechizo, un conjuro, un talismán.

– Algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos.

– Que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta encontrar a Manitú el día de la muerte.

– Por favor -repitieron-, ¿hay algo que podamos hacer?

 

El viejo los miró y se emocionó de verlos tan jóvenes, tan enamorados, tan anhelantes esperando su palabra.

 

– Hay algo… -dijo el viejo después de una larga pausa-. Pero no sé… es una tarea muy difícil y sacrificada.

– No importa -dijeron los dos.

– Lo que sea -ratificó Toro Bravo.

– Bien -dijo el brujo-, Nube Alta, ¿ves el monte al norte de nuestra aldea? deberás escalarlo sola y sin más armas que una red y tus manos, y deberás cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte. Si lo atrapas, deberás traerlo aquí con vida el tercer día después de la luna llena. ¿Comprendiste?

La joven asintió en silencio.

– Y tú, Toro Bravo -siguió el brujo-, deberás escalar la montaña del trueno y cuando llegues a la cima, encontrar la más brava de todas las águilas y solamente con tus manos y una red deberás atraparla sin heridas y traerla ante mí, viva, el mismo día en que vendrá Nube Alta… salgan ahora.

Los jóvenes se miraron con ternura y después de una fugaz sonrisa salieron a cumplir la misión encomendada, ella hacia el norte, él hacia el sur… El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con sendas bolsas de tela que contenían las aves solicitadas. El viejo les pidió que con mucho cuidado las sacaran de las bolsas. Los jóvenes lo hicieron y expusieron ante la aprobación del viejo los pájaros cazados. Eran verdaderamente hermosos ejemplares, sin duda lo mejor de su estirpe.

– ¿Volaban alto? -preguntó el brujo.

– Sí, sin dudas. Como lo pediste… ¿y ahora? -preguntó el joven- ¿Lo mataremos y beberemos el honor de su sangre?

– No -dijo el viejo.

– Los cocinaremos y comeremos el valor en su carne -propuso la joven.

– No -repitió el viejo-. Hagan lo que les digo. Tomen las aves y atenlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero… Cuando las hayan anudado, suéltenlas y que vuelen libres.

El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y soltaron los pájaros.

El águila y el halcón intentaron levantar vuelo pero sólo consiguieron revolcarse en el piso. Unos minutos después, irritadas por la incapacidad, las aves arremetieron a picotazos entre sí hasta lastimarse.

– Este es el conjuro. Jamás olviden lo que han visto. Son ustedes como un águila y un halcón; si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose, sino que además, tarde o temprano, empezarán a lastimarse uno al otro. Si quieren que el amor entre ustedes perdure, “vuelen juntos pero jamás atados”.

Fuente: cantardebardo.wordpress.com

La importancia del espacio personal

Muchas veces olvidamos que una pareja está formada por dos individuos completamente diferentes. Es decir, cada uno a su manera tiene sus respectivos gustos. Por obvias razones, comparten algunos puntos de vista acerca del mundo y por eso están juntos. Lo importante es no alterar la personalidad del otro, pues no está en tus manos cambiar a esa persona. No puedes amoldarla de acuerdo con tus intereses, porque eso sería egoísmo.

A la vez, ninguno de los dos puede renunciar a su propio ser, no pueden ser esclavos el uno del otro porque eso no es amor. Lo que lograrán al encadenarse, será frustrar sus objetivos y metas. He ahí la enseñanza que nos muestra esta leyenda, pues algunas parejas están empeñadas en invadir el espacio del otro y la relación puede llegar a ser tóxica si no se establecen límites.

Hay mujeres que se olvidan a sí mismas y viven para complacer los deseos de sus novios o cónyuges, dejando su propio ser en un espacio reducido y enterrado en el olvido. Renuncian a sus sueños para hacer realidad los del otro. Lo mismo ocurre con algunos hombres. Una relación emocionalmente saludable sabe que las ataduras no llevan a nada bueno. Por eso es aconsejable que ambos miembros de la pareja se dediquen a realizar actividades por su cuenta, hobbies que tengan cada uno, de esta manera ninguno se eclipsará en los deseos del otro.

Nunca olvides que para alcanzar la verdadera felicidad al lado de tu pareja, ambos deben estar unidos sin ataduras.

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Unidos sin ataduras: La famosa leyenda sioux sobre las relaciones de pareja
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“El amor, el individuo y la pareja” es una leyenda sioux donde se explica que el éxito de una pareja está en permanecer unidos sin ataduras, de manera que ambos puedan crecer el uno con el otro, sin perder su individualidad.
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