Diosa del amor Afrodita
Mitología y Leyendas

La diosa del amor y de la belleza: Afrodita

En el libro Las diosas de cada mujer, escrito por la psicóloga Jean Shinoda Bolen, se desarrolla una psicología femenina basada en la perspectiva jungiana, la cual explica que las mujeres están influidas por numerosas fuerzas internas, o arquetipos, que pueden ser personificadas por las diosas griegas. En este sentido, las diosas se clasifican en tres grupos: las vírgenes, que representan la independencia y autosuficiencia en las mujeres; las vulnerables, que están más orientadas hacia las relaciones de pareja; y las alquímicas, que son una mezcla de los otros dos grupos. Afrodita, la diosa del amor y de la belleza,  es una diosa alquímica, mantuvo su autonomía como diosa virgen y tuvo relaciones -muchas- como diosa vulnerable.

Afrodita (Venus romana) era la más bella e irresistible de las diosas. Tuvo muchas aventuras y numerosa descendencia de sus numerosas relaciones. Creaba amor y belleza, atracción erótica, sensualidad, sexualidad y nueva vida. Entablaba relaciones con decisión propia y nunca fue victimizada. Las mujeres guiadas por el arquetipo de Afrodita, persiguen intensamente las relaciones más que la permanencia, valoran el proceso creativo, están abiertas a cambiar y suelen ser promiscuas.

La relación entre la mitología griega y la psicología femenina ayuda a explicar las personalidades de muchas mujeres. Aprender acerca de Afrodita es aprender del amor y de las mujeres al mismo tiempo. Todas, en algún momento de nuestras vidas -o siempre- podríamos estar influenciadas por el arquetipo de esta diosa. Continúa leyendo y entérate más acerca de Afrodita, sus características y lo que ella implica en el tema del amor y la sexualidad.

Afrodita, diosa del amor. Mujer creativa y amante

Nacimiento

Existen dos historias muy diferentes acerca del origen de Afrodita. La primera versión es de Homero, y cuenta que Afrodita nació de manera convencional, hija de Zeus y Dione (la ninfa del mar).

La segunda versión y la más aceptada es la de Hesíodo, y cuenta que Afrodita nació como consecuencia de una acción brutal. Cronos tomó una hoz, cortó los genitales de su padre Urano, y los arrojó al mar. El semen y la sangre de Urano se mezclaron con la espuma del mar, de donde nació Afrodita, que emergió de esta concepción oceánica como una diosa adulta, con sus formas físicas maduras. Por lo tanto, no tuvo niñez.

De hecho, su propio nombre Afrodita, avala esta última versión de su nacimiento. El término griego aphrós, significa espuma, y esto consolida la creencia de que Afrodita nació del mar.

Relaciones y descendencia

Se dice que Afrodita desembarcó primero en la isla de Citeres o Chipre. Después, acompañada por Eros (Amor) e Himeros (Deseo), fue escoltada ante la asamblea de los dioses y recibida como una de ellos.

Muchos de los dioses, fascinados por su belleza, pidieron su mano en matrimonio. A diferencia de otras diosas que no habían escogido a sus amantes, Afrodita fue libre de escoger. Eligió a Hefestos, el dios cojo de los artesanos, del fuego y la forja. Pero Afrodita lo engañó frecuentemente manteniendo relaciones con otros.

Estuvo sentimentalmente unida a Ares, dios de la guerra, con el que mantuvo una larga relación y con el que tuvo una hija, Harmonía (Armonía), y dos hijos, Deimos (Terror) y Fobos (Miedo), que acompañaban a sus padres en las batallas. He ahí por qué el miedo y el terror son los sentimientos que más se viven durante las guerras.  Afrodita y Ares representan la unión de las dos pasiones más incontrolables: el amor y la guerra, que, en perfecto equilibrio, podían producir la Armonía.

También tuvo otro amante, Hermes, el mensajero de los dioses, el que guiaba a las almas al mundo subterráneo, dios de la comunicación, inventor de los instrumentos musicales y el embustero del Olimpo. Con él, Afrodita tuvo un hijo, Hermafrodito, que heredó la belleza de ambos padres, llevaba el nombre de ambos, y tenía las características sexuales de los dos. Hermafrodito es un dios bisexual, por lo tanto representa al bisexualismo.

Algunas leyendas dicen que Eros también es hijo de Afrodita. Sin embargo, si aceptamos la versión de Hesíodo, cuando Afrodita nació, Eros la acompañó hasta la asamblea de los dioses, así que partiendo de allí es poco probable que sea su hijo.

Afrodita también tuvo relaciones amorosas con hombres mortales. Cuando ella vio a Aquinses (un mortal con “cuerpo muy similar al de un dios”, según Homero) quedó fascinada. Se hizo pasar por una bella doncella, le sedujo y agitó la pasión de él con sus palabras. Cuando se quedó dormido, ella se despojó de su disfraz de mortal y lo despertó. Le reveló que iba a concebir al hijo de ambos, Eneas, y le advirtió que no le dijera a nadie que ella era la madre de su hijo. Aquinses no cumplió y se vanaglorió de su aventura con Afrodita, por lo que fue golpeado por un rayo que le dejó lisiado.

Otro amante mortal famoso fue Adonis, un joven apuesto y cazador. Afrodita le dijo que se alejara de los animales feroces, pero la tentación pudo más que él y murió despedazado por un oso. Tras su muerte, se permitió a Adonis volver a Afrodita desde el mundo subterráneo durante una parte del año. Su retorno anual a Afrodita simbolizaba la vuelta de la fertilidad.

Afrodita y los mortales

Afrodita ayudó a muchos hombres que le imploraban ayuda. Respondió a las oraciones de Hipómenes en la víspera de su carrera con Atalanta. Le dio tres manzanas de oro y le aconsejó cómo utilizarlas, lo cual salvó su vida y le ayudó a conseguir la esposa a la que amaba.

Afrodita también ayudó a Pigmalión. Él era un escultor que esculpió una estatua de marfil de la mujer ideal, y cuanto más la miraba, más se enamoraba de su propia creación. En un festival en honor a Afrodita, Pigmalión le rogó que le otorgase una esposa similar a su estatua. La respuesta de Afrodita a sus plegarias fue Galatea, con la cual se casó.

Las mujeres guiadas por el arquetipo de Afrodita

Ahora que conoces más de Afrodita, puedes darte una idea de que su arquetipo rige la belleza, la sexualidad y la sensualidad de las mujeres.

La amante

Cualquier mujer que se enamora de alguien que, a su vez, está enamorado de ella, es en ese momento una personificación del arquetipo de Afrodita. Se siente atractiva y sensual. Si alguna vez te has enamorado y tu amor es correspondido, entonces has experimentado a Afrodita.

Para las culturas patriarcales como la judeocristiana y la musulmana, ven a la mujer que encarna a Afrodita como una tentadora o una prostituta. Las mujeres tipo Afrodita pueden ser condenadas por la “moral” de la sociedad.

Enamorarse

Cuando dos personas se enamoran, cada una se siente arrastrada hacia la belleza del otro. Ambas se sienten bellas y especiales. Agudizan sus sentidos y oyen la música con más claridad, las fragancias suelen distinguirse mejor, se acrecienta el gusto y el tacto del amante.

Sin embargo, cuando una persona se enamora de alguien que no devuelve ese amor, se siente poseída por un cruel deseo y por anhelos frustrados. Una y otra vez se siente atraída hacia la persona amada y una y otra vez es rechazada. La intensidad -que es maravillosa cuando el amor es correspondido- en este caso, por el contrario, intensifica el dolor.

Instinto de procreación

Afrodita representa el impulso de asegurar la continuación de la especie, y puede convertir a una mujer en un recipiente de procreación si no practica el control de calidad. Afrodita tiene bebés a causa del deseo por un hombre, no porque realmente quiera ser madre. Ella susurra no utilizar ningún método anticonceptivo porque podría desvirtuar la pasión del momento. Por lo tanto, hacerle caso, aumenta el riesgo de un embarazo no deseado.

Todos esos embarazos de adolescentes son producto de muchachas que no controlaron su deseo y se dejaron llevar ciegamente por los impulsos de la Afrodita que llevan dentro.

Creatividad

Afrodita constituye una tremenda fuerza para el cambio. A través de ella fluye la atracción, la unión, la fertilización, la incubación y el nacimiento de una nueva vida, o de nuevas ideas. El trabajo creativo surge de una implicación intensa y apasionada: casi como con un amante, la artista interactúa con “lo otro” para crear el ser de algo nuevo.

La creatividad también es un proceso “sensual” para muchas personas; es una experiencia sensorial del momento que abarca el tacto, el sonido, las imágenes, el movimiento y, a veces, incluso el olfato y el gusto. Afrodita, como fuerza creativa, puede implicar a la mujer en un intenso esfuerzo creativo tras otro. Cuando finaliza un proyecto, surge otra posibilidad que le fascina.

Eres Afrodita cuando estás creando nuevas ideas, cuando trabajas en una imagen visual, como en la fotografía; cuando trabajas en una frase verbal, como en un texto, alguna novela, reportaje, crónica u otro artículo; cuando te mueves porque practicas danza. En todos esos procesos creativos, eres Afrodita.

No se trata de la apariencia sino del atractivo

No eres Afrodita por tu físico sino por tu “carisma”. Cuando Afrodita forma parte activa de una mujer “corriente”, ésta no atrae a los hombres desde el otro lado de un salón. Sin embargo, quienes se acercan la encuentran encantadora y cautivadora. Muchas mujeres con aspecto más bien ordinario con cualidades de Afrodita atraen a los demás con la calidez de sus personalidades y su sensualidad natural y espontánea.

Cuando otras mujeres físicamente más guapas notan esto, comienzan a preguntar “¿Qué tiene ella que no tenga yo?”, bueno, la respuesta es que ella tiene a Afrodita.

Hombres, víctimas del amor

Los hombres pueden convertirse en víctimas cuando una mujer Afrodita les quiere y les abandona. Ella se enamora muy fácilmente, cada vez sinceramente convencida de que ha encontrado al hombre perfecto. En el momento mágico, él puede sentirse como un dios enamorado de una diosa, hasta que es abandonado y reemplazado. Como consecuencia, ella deja tras de sí una serie de hombres heridos, rechazados, deprimidos o enfadados que se sienten utilizados y desechados.

Una mujer afrodita puede acabar con este patrón de comportamiento aprendiendo a amar a alguien con todas sus imperfecciones. Somos afroditas cuando idealizamos a nuestra pareja y luego nos decepcionamos por sus defectos.

Una mujer afrodita, debido a su manera cálida y atenta de relacionarse puede ser tergiversada por hombres que, erróneamente, presuponen que ella está especialmente interesada o atraída sexualmente por ellos. Cuando ella los rechaza, puede que la consideren como una rompecorazones o una mujer provocativa, y se lo reprochen.

Al mismo tiempo, una mujer afrodita puede llevarse tanto por sus impulsos que por eso termina escogiendo hombres poco adecuados para ella.

Afrodita y su relación con las otras mujeres

Una mujer Afrodita, cuanto menos consciente es o menos se responsabiliza del efecto que produce en los hombres, más puede ser un elemento perturbador. Por ejemplo, puede que vaya a una fiesta y entable conversaciones con carga erótica con los hombres más interesantes de la misma. De esta manera, estimula los celos, los sentimientos de inadecuación y el miedo a la pérdida en muchas mujeres que ven cómo sus hombres reaccionan ante ella cada vez más animados.

Cuando las mujeres se enfadan con la mujer Afrodita, ésta suele quedar sorprendida. Es raro que soporte la mala voluntad de las mujeres, y como no es posesiva ni celosa, suele tener dificultades en imaginar la causa de la hostilidad que produce.

Por otro lado, una mujer Afrodita lesbiana se diferencia de una heterosexual solo en su preferencia sexual. Queriendo experimentar “todo lo que la vida puede ofrecer” suele tener relaciones con hombres y mujeres.

Como te habrás dado cuenta, gracias a la mitología griega podemos aprender demasiado acerca de la vida. Y tú, ¿eres Afrodita? ¿Cuántas veces has experimentado las cualidades de esta diosa? Recuerda que donde hay amor y creatividad, ahí está Afrodita.

Fuente: Shinoda Bolen, J. (2010). Las diosas de cada mujer. Barcelona, Editorial Kairós.

 

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Afrodita: Diosa del Amor y de la Belleza
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Afrodita (Venus romana), diosa del amor y de la belleza, era la más bella e irresistible de las diosas. Tuvo muchas aventuras y numerosa descendencia de sus numerosas relaciones.
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