media naranja

Lo que hay detrás del mito de la media naranja

Seguro que algún momento de tu vida te has preguntado “¿cuándo conseguiré a mi media naranja?”, o te lo han preguntado, o lo has escuchado de otras personas, o en alguna película, o capaz en algunas canciones. Lo cierto es que eso de “la media naranja” es muy común para referirse a lo que llaman el “verdadero amor”. De hecho, muchas personas viven únicamente para conseguir a esa otra mitad, a la famosísima y más buscada media naranja.

¿Pero alguna vez te has detenido a preguntarte de dónde proviene eso? Las personas estamos acostumbradas a repetir cosas sin tener la menor idea de su significado o de su origen. Pues en este post te comentaré de qué va ese mito de la media naranja y te diré que no es muy alentador.

 

Platón y la media naranja…

 

Cuando hablamos de la media naranja nos referimos –lo sepas o no– a la obra “El Banquete”, escrita por Platón. Él fue un filósofo griego idealista, opinaba que todo lo que pertenece al mundo de los sentidos –lo que se puede tocar y sentir– se desgasta con el tiempo. Para Platón, lo verdaderamente eterno e inmutable son los modelos espirituales o abstractos; es decir, las ideas. La idea de un caballo es más perfecta que el caballo en sí mismo. Así pensaba Platón.

La obra “El Banquete” (escrita en algún momento entre el 380 y el 370 a.C.) es, básicamente, un diálogo donde interactúan un grupo de amigos: Aristófanes, Sócrates, Agatón, Apolodoro, Erixímaco, Pausanias, Diotima y Alcibíades (hay testimonios acerca de la existencia real de estos personajes que, de alguna manera, hicieron vida al lado de Platón). Todos ellos se reúnen para comer, beber vino y hablar acerca del amor.

Es bien sabido que a los griegos les encantaba aprender mediante la dialéctica, es decir, a través del diálogo abierto sobre determinado tema. Eso hacían estos amigos en el mitin de El Banquete. Cada uno exponía sus consideraciones –el tema a tratar era, precisamente, el amor–, bajo las inteligentes y sarcásticas intervenciones de Sócrates.

Cuando le tocó el turno a Aristófanes (él era algo así como el tipo simpático del encuentro, el de los chistes, el amigo que te hace reír), se inventó un mito sobre el origen del amor. Cabe destacar que ni el mismo Aristófanes se creía el mito, simplemente se le ocurrió en el momento y hasta él mismo se reía del asunto.

Aristófanes explicaba que, en el inicio, “todos los hombres tenían formas redondas, la espalda y los costados colocados en círculo, cuatro brazos, cuatro piernas, dos fisonomías unidas a un cuello circular y perfectamente semejantes, una sola cabeza, que reunía estos dos semblantes opuestos entre sí, dos orejas, dos órganos de la generación, y todo lo demás en esta misma proporción».

Dichas esferas podían ser de tres sexos cada una: masculino (descendiente del sol), femenino (descendiente de la Tierra) y andrógino (descendiente de la luna). Cada pelota era perfecta y simétrica, con dos rostros en una misma cabeza que miraban en dirección opuesta. Nos movíamos girando sobre nosotros mismos, felices, completos, realizados. Si éramos de sexo masculino, teníamos dos penes; si éramos mujeres, teníamos dos vulvas; si éramos andróginos, teníamos un pene y una vulva.

Las esferas –o sea, nosotros los humanos– se volvieron arrogantes porque notaron que eran fuertes y vigorosas. Entonces decidieron escalar el cielo y rebelarse contra los dioses –típico–. Obvio, estas pelotitas fracasaron en el intento y, por supuesto, Zeus las castigó. Como Zeus no quería acabar con las esferas, se le ocurrió una forma de reprenderlas para aminorar sus fuerzas: separarlas en dos, “sexarlas”, cortarlas a la mitad, de manera que pudieran girar sus cabezas para que vieran el corte (se supone que el ombligo es la cicatriz que quedó en el cuerpo del ser humano, después de haber sido desprendido de su otra mitad). Como verán,  tal parece que la soberbia siempre ha sido la condena del hombre.

El verdadero problema apareció cuando, después de haber ocurrido la división, “cada mitad hacía esfuerzos para encontrar la otra mitad de que había sido separada; y cuando se encontraban ambas, se abrazaban y se unían, llevadas del deseo de entrar en su antigua unidad, con ardor tal que, abrazadas, perecían de hambre e inacción, no queriendo hacer nada la una sin la otra».

¿Alentador? Para nada. Eso de encontrarse y morir de hambre por no querer moverse ni un segundo para no volver a separarse, me parece totalmente aterrador. Es como las personas que dicen querer un amor a lo Romeo y Julieta, ¿acaso olvidan que ambos seres terminaron muertos? “Morir” de amor, no me parece que ilustre correctamente lo que este sentimiento tan profundo significa.

Ahora, analizando el asunto de los sexos de las esferas, en este mito podría hallarse el origen de las diferentes tendencias sexuales: homosexualidad y heterosexualidad. Los homosexuales son las esferas que eran completamente hombres o completamente mujeres. Los heterosexuales, en este caso, serían las esferas andróginas.

Sin embargo, no olvidemos que el mito realmente fue un chiste que contó Aristófanes. Vamos, que el hombre no hablaba en serio. Además, nunca se hizo referencia a que la esfera haya sido una naranja.

He ahí la respuesta de por qué creer en la “media naranja”, es totalmente absurdo y te hace quedar como una tonto o un tonto. Oops!

 

Hora de abrir los ojos…

Si el hecho de que el mito es una completa mentira y que fue un chiste que Aristófanes comentó para hacer reír a sus compañeros, todavía no te convence demasiado y aun piensas que lo de la “media naranja” es muy romántico, pues mira lo que implica creer en ello:

Dependencia

Al pensar que únicamente con tu media naranja hallarás felicidad, nunca podrás vivir en paz. Recapacita, no necesitas que nadie te complete.

Idealización

Nunca verás a tu pareja como realmente es porque le atribuyes características perfectas, y nadie es perfecto, ni tú lo eres. Con esta actitud le haces daño a ambos de ustedes, porque esa persona nunca podrá cumplir con todas tus expectativas y nunca se va a sentir suficiente para ti. Cuando la etapa de “enamoramiento” va menguando y vas viendo los defectos de tu pareja, es cuando realmente se sabrá si podrás pasar toda tu vida con esa persona. El amor es aceptar al otro con sus defectos y sus virtudes.

Pensar que tu pareja a juro debe tener gustos idénticos a los tuyos

La idea de la media naranja nos ha hecho pensar que la otra persona que nos complemente es igual a nosotros y tiene nuestros mismos gustos. Pues olvídalo, cada cabeza es un mundo y nadie es igual que nadie. Cada individuo es único e irrepetible. Siempre habrá diferencias. Una relación sana que se basa en el respeto y la comunicación sabe manejar esas diferencias y convivir con ellas.

Tendencia a juntarse con la persona equivocada

La búsqueda incansable de la media naranja podría hacer que te juntes con personas tóxicas solo por el hecho de que, en algún punto, sus gustos coinciden con los tuyos, o simplemente porque te dejas llevar por su belleza física. ¿Resultado? Una vida miserable al lado de una persona que no te respeta.

Por supuesto, este mito seguirá calando hondo en la sociedad mientras los medios de comunicación lo sigan fomentando. No nos engañemos, esa creencia vende mucho en las novelas, en las películas, en las series. Incluso hay canciones que insisten en “sin ti no vivo”, “sin ti me falta todo”, y son letras comerciales porque gustan a la gente.

Claro, hay excepciones, últimamente los programas de la industria del entretenimiento se han ido adaptando a los intereses de la sociedad, donde los patrones retrógrados se están rompiendo. Por ejemplo, las nuevas princesas de Disney son autosuficientes, las vemos en películas como Mérida, Frozen, etc. DC también apodera a la mujer con Wonderwoman, y así vamos con otras producciones. Digamos que la nueva generación de niñas está creciendo con distintas influencias. Sin embargo, es un adelanto que va a paso de tortuga. Todavía las películas románticas basadas en el mito de la media naranja siguen dando rienda suelta a los intereses del público.

No olvides que el mito de la media naranja termina con las esferitas abrazadas y muriéndose de hambre. Imagínalo por un segundo, ¿de verdad quieres una relación así? Mejor piensa que eres una naranja completa, y tu pareja también es otra naranja completa, y ambas están unidas a una rama fuerte que representa la confianza, el respeto y la comunicación. Así debería ser tu relación. Dos frutos completos que al trabajar en equipo hacen el mejor jugo, muy concentrado y con un néctar muy dulce.

 

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